La vida es un festival
La hemeroteca suele ser muy cruel, y es mejor no acudir a ella porque nos arrepentiríamos de la mayoría de cosas que dijimos en el pasado. Más aún en las crónicas festivaleras, durante el periodo de transición y el final de la etapa franquista comandada en Donostia por Miguel De Echarri, porque cada cual se imaginaba una renovación, o una revolución en su caso, a su manera. Al recién fallecido Luis Gasca le tocó la responsabilidad de dar un giro de timón en el curso de la historia, y es justo reconocer, con la perspectiva que otorga el tiempo, que lo consiguió. Se le reprochaba que venía del mundo del cómic, pero gracias a dicha filiación era un gran estudioso de la influencia de las viñetas en la planificación cinematográfica.
Los sectores más contrarios a su gestión le culparon de la pérdida de la Categoría A, cuando en realidad estaba sometido a una presión política insoportable, y nada tenía que ver con su persona, ni cuando fue secretario general, ni después ya como director en las ediciones de 1977, 1981, 1982 y 1983. Bastante hizo con salvar la censura y estrenar ‘Novecento’ de contrabando. También tuvo que ver con el impacto social de ‘La fuga de Segovia’, así que no venía a cuento tacharle de frívolo por el lanzamiento europeo de ‘La guerra de las Galaxias’, llevado de su amor por el cine de género. Fue muy aperturista y sentó las bases para Diego Galán y José Luis Rebordinos.

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