«Los pueblos pequeños tienen derecho a helado también»

Rocio Mayoral junto a su hija, subidas a la heladería food truck Leizuri.
Rocio Mayoral junto a su hija, subidas a la heladería food truck Leizuri. (Jagoba MANTEROLA | FOKU)

Corría el año 2008 cuando Rocío Mayoral decidió, junto a su marido, cerrar el restaurante que regentaban y comenzar una nueva etapa heladera. Para aquel entonces ya hacían helados para ellos mismos, pero esta vez no buscaban abrir una heladería al uso, sino una heladería food truck.

Un local en Donostia les era «muy grande» y quisieron abrir una heladería sobre ruedas para recorrer los pueblos de Gipuzkoa, ya que «los pueblos pequeños tienen derecho a helado también». Fue entonces que subieron la persiana de la heladería Leizuri, y en lo que va de año ya han visitado Beasain, Hernani y Astigarraga, entre otros.

Se trata de una furgoneta alemana de segunda mano que compraron y adaptaron a sus necesidades en Errioxa. No obstante, la parte de la heladería la tuvieron que adaptar ellos mismos con la ayuda de un maestro heladero.

Buscaban una «autonomía absoluta» para mantener el helado frío sin necesidad de tener que enchufarlo a ningún lado, ya que en caso de quedarse sin batería, se les estropearía «todo el género».

En cuanto a los sabores que ofrecen, los productos de Km0 son el verdadero motor de esta heladería. Son seis los sabores que mantienen durante todo el año, y los demás cambian dependiendo de la estación; en verano, por ejemplo, trabajan con la fruta ya que son «helados más frescos».

El obrador se encuentra en Astigarraga, y tienen como base no utilizar «ni un solo colorante artificial y ni un solo potenciador de sabor». Estos días se puede probar el helado de quinoa y canela, y en invierno el helado de mamia con leche ecológica. 

Los helados de te matcha y de te verde con hierbabuena triunfan como ningún otro. «Hay que atraer al cliente con sabores diferentes, no con pistacho como tiene todo el mundo», sostienen.