
El Parlamento húngaro eligió ayer como jefe de Estado a Andras Baka, expresidente del Tribunal Supremo destituido por Viktor Orban. Con una Cámara en la que el partido gobernante Tisza cuenta con una mayoría de dos tercios, los legisladores eligieron a Baka con 140 votos a favor, seis en contra y ninguna abstención. Los 53 parlamentarios del opositor Fidesz no participaron en la votación.
«Esta nación ha perdido el equivalente a toda una generación, pasando de ser un modelo de transición democrática a figurar entre los países rezagados de Europa», declaró el presidente en su primer discurso.
«Pero una cosa es segura: no podemos construir la nueva Hungría sobre la venganza», añadió, ante la ausencia de los miembros del partido del ex primer ministro ultraderechista Viktor Orban. Andras Baka, también derechista, es «digno de encarnar la unidad de la nación», declaró previamente el jefe del Gobierno, Peter Magyar.
Aunque con un cargo en gran medida honorífico, el nuevo Ejecutivo pretende premiar al «hombre que dijo ‘no’ a Orban», que gobernó Hungría entre 2010 y 2026, y lo presentó como «un ejemplo de compromiso con el Estado de derecho».
Baka perdió la presidencia del Tribunal Supremo en 2012 tras denunciar la reducción de la edad de jubilación de los jueces como una purga encubierta. Ganó su caso cuatro años después ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que reconoció el carácter político de su destitución.
Desmontar la era Orban
Budapest presenta el regreso de Baka a sus socios en la UE como garantía del desmontaje de la estructura política creada por Orban y de la aceptación de las directrices de Bruselas. En su discurso, el nuevo presidente destacó que «el lugar de Hungría está en Europa, como una consecuencia de su cultura y valores».
Elegido diputado por el partido conservador MDF en 1990, Baka también fue juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos entre 1991 y 2008. Tisza, el partido de Magyar, lo eligió entre tres candidatos en votación secreta para ocupar la Presidencia.
Fidesz, por su parte, consideró la elección ilegítima después de que la nueva mayoría parlamentaria acortara el mandato del anterior jefe de Estado, Tamas Sulyok, el mes pasado.
También ONG de derechos humanos criticaron esta destitución, que recordaba a los mismos métodos utilizados por Orban para reformar las instituciones húngaras.
El mes pasado, el propio Baka admitió que este cese no debería haberse producido «en un país regido por el Estado de derecho», pero lo justificó alegando que Hungría se había convertido en «un Estado cautivo bajo el mandato de Orban». A su juicio, el presidente anterior había sido nombrado «para garantizar la supervivencia política del antiguo sistema, incluso tras una derrota electoral».
Se prevé que el nuevo jefe de Estado cumpla solo parte de su mandato, hasta que el Gobierno del primer ministro, Peter Magyar, finalice el proceso de reforma constitucional, que se calcula que dure entre un año y un año y medio.

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