Ailén Desirée Montes

Un muro de calor de hasta 15 °C separa a las favelas de Brasil de los barrios más ricos

La crisis climática agudiza las desigualdades sociales. Un estudio ha revelado que, en las favelas de São Paulo, Brasil, la temperatura es hasta 15 °C mayor que en barrios ricos contiguos por los materiales de las viviendas, la falta de vegetación y la planificación urbana, entre otras razones

Vista general de la favela Rocinha, en Rio de Janeiro, Brasil
Vista general de la favela Rocinha, en Rio de Janeiro, Brasil (Pablo Porciuncula | AFP)

En 2020, vecinos de Morumbi, uno de los barrios más ricos de São Paulo, en Brasil, pidieron a la Alcaldía erigir un muro de tres metros de altura para aislar un parque público que se estaba construyendo en el límite con Paraisópolis, la segunda favela más grande de la ciudad.

La pared no se construyó, pero imágenes de satélite han revelado que ya existe un muro invisible, una frontera de 15 grados de temperatura. Mientras en las calles arboladas de Morumbi la temperatura de una tarde de verano ronda los 30 °C, en Paraisópolis la superficie puede alcanzar hasta 45 °C.

Esta disparidad no es casual. Una investigación del Centro de Estudios de la Favela (Cefavela) ha evidenciado que en las 1.359 favelas de la ciudad, donde viven 1,72 millones de personas en solo el 4 % del territorio urbano, la temperatura media de superficie supera habitualmente los 40 °C.

Victor Nascimento, uno de los investigadores de este estudio, ha explicado a la Agencia EFE que las viviendas hacinadas de hormigón, los techos de fibrocemento o metal y la falta de ventanas para la ventilación cruzada convierten las casas en «hornos».

Ha señalado que combatir el calor se vuelve aún más difícil por la falta de servicios básicos de agua y electricidad en muchas viviendas, en las que a menudo se recurre a conexiones clandestinas, lo que imposibilita que los habitantes usen ventiladores o tomen duchas para refrescarse.

Racismo ambiental

Esta precariedad habitacional se suma a los problemas de la planificación urbana. Según el Observatorio del Clima, muchas ciudades toman decisiones «a contramano de la adaptación climática», con falta de inversión en drenaje, saneamiento… Que deja desprotegidas a las comunidades ante inundaciones u olas de calor

Para la secretaria ejecutiva de la Red de Adaptación Antirracista, Thaynah Gutierrez, el calor extremo en las favelas «profundiza las desigualdades del racismo ambiental». Según Gutierrez, la ciudad sufre una separación entre lo que los investigadores denominan «zonas de sacrificio» en la periferia, desprovistas de árboles e infraestructura básica, y los barrios de mayor nivel socioeconómico, que disfrutan de equilibrio térmico y vegetación.

Para Gutierrez, no es viable «seguir con la narrativa» de que «la gente no debería haber ocupado esos territorios»: «Después de 40 años de ocupación, ya es demasiado tarde para decir que la gente no debería vivir ahí. Ahora es responsabilidad de las autoridades públicas reconocer el error y apoyar que estas viviendas sean más resilientes».

16 millones en favelas

Organizaciones sociales exigen reformas estructurales e inversiones prioritarias en los territorios vulnerables, por ejemplo, mediante la aplicación de la ley de 2008 de Asistencia Técnica para Viviendas de Interés Social, que garantiza a las familias de bajos ingresos en Brasil el derecho a asistencia técnica gratuita de arquitectos e ingenieros para proyectar, construir, reformar o regularizar viviendas de interés social.

La cantidad de personas viviendo en favelas se incrementa cada año. Desde 2012 hasta 2024, la población de las favelas brasileñas se incrementó en un 43%, hasta llegar a más de 16 millones de personas, el 8% de la población total del país, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.

La gran mayoría de los domicilios (86,4%) en las favelas cuentan con agua corriente y el 74,6% están conectados a la red de alcantarillado, no obstante, esos índices caen drásticamente en las regiones más pobres del país, en especial en la Amazonía y en algunos estados del noreste.

En Amapá, estado amazónico fronterizo con la Guayana francesa, solo el 28,1% de los domicilios en favelas contaban con acceso a la red de alcantarillado y el 59,6%, al agua corriente.