Alemania estrecha aún más su relación con Israel
Alemania necesita el queroseno israelí para que la falta de combustible no provoque una crisis del turismo germano, que podría elevar el malestar de la población hacia Friedrich Merz. Benjamin Netanyahu aprovecha la dependencia alemana de sus productos para que Berlín blinde su política.
Varios ministros del canciller demócrata cristiano Friedrich Merz (CDU) se entrevistaron esta semana con el titular de Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, en Berlín. Tras su encuentro con los responsablee de Economía, Katharina Reiche, y de Tráfico, Patrick Schneider, ambos de la CDU, el jefe de la diplomacia hebrea dijo que su país exportaría parte de «su sobreproducción» de queroseno a Alemania. Además, ayudaría con el envío de gas. El anuncio sorprendió, ya que a finales de abril, ambos ministros afirmaron que no habría problemas de suministro de estos dos combustibles. Había reservas para cinco meses, aseguraron.
El titular de Exteriores, Johann Wadephul (CDU), fue más lejos aún, ejerciendo de portavoz de su homólogo. Dio una patada al derecho internacional y a la Constitución alemana al avalar la ocupación de Libano diciendo que «Israel tiene todo el derecho de estar ahí». Acto seguido reveló la «nueva alianza de la seguridad» de ambos países: «El conflicto con Irán y el conflicto en Ucrania, nos han dejado muy claro que estamos más unidos que nunca y que compartimos un interés común».
El interés de Berlín es sustituir a Washington por Tel Aviv. En los últimos días, las relaciones entre Friedrich Merz y el presidente de EEUU, Donald Trump, han empeorado por las críticas del alemán sobre cómo el estadounidense lleva la guerra contra Irán. Tras de sus habituales insultos, Trump habla de la retirada de 5.000 soldados de Alemania.
En este contexto se explica que Wadephul relacionara su «nueva alianza de seguridad» con el sistema antimisiles Arrow 3 made in Israel. Ahora Volkswagen piensa en transformar una de sus plantas para producir material militar israelí. Y el Gobierno alemán sigue autorizando la exportación de armamento a Israel.
Ya en enero, los ministerios de Interior de ambos Estados firmaron un «acuerdo de ciberseguridad» que, con base en la tecnología y experiencia israelíes debe dotar a Alemania con una «cibercúpula» sobre los pilares de la ciberseguridad, la inteligencia artificial y la defensa antidrones. La ministra de Investigación, Dorothee Bär (CDU), sostuvo que debido al peso de Israel en las áreas de investigación, innovación y aeroespacial «Alemania se opone a cada forma de boicot contra Israel».
Ni la orden de búsqueda y captura de la Corte Penal Internacional contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por crímenes de guerra ni las pruebas presentadas por la ONU ni la pena de muerte exclusiva para los palestinos, hacen recapacitar al partido liderado por Merz.
La sumisión mostrada por sus cuatro ministros quedó en evidencia
tres semanas después de que el canciller se atreviera a criticar la anexión fáctica de Cisjordania por Israel. Para ello, esgrimió el mantra de la política exterior germana, la «solución de los dos Estados». Dado que lanzó su mensaje el día en el que Israel recordaba a las víctimas del Holocausto, el titular de Hacienda israelí, el ultra Bezalel Smotrich, le espetó desde X: «Señor canciller, los tiempos en los que los alemanes dictaban a los judíos dónde podían vivir y dónde no, han quedado atrás y no volverán. No volverán a obligarnos a vivir en guetos, y mucho menos en nuestro propio país».
De hecho, la élite política alemana ya no se refiere al Holocausto para defender el derecho internacional, sino para tapar su colaboración con el Gobierno genocida de Netanyahu. El propio primer ministro israelí allanó el camino a la tergiversación cuando hace una década dijo que «Hitler no quiso exterminar a los judíos en su día, quería echarlos». Según él, podría haber sido el líder árabe Hay Amin al-Husseini quien le dijo al Führer: «¡Quémalos!».
Ante su obvia debilidad argumentativa, los partidos tradicionales quieren reaccionar con más represión. El land de Hesse quiere endurecer el Código Penal castigando a quién niega el «derecho a existir de Israel». Según la legislación internacional vigente, no existe tal derecho para un Estado, solo para las personas. Son ellas las que deciden si forman un Estado o si, como fue el caso de Alemania en 1939-1945, lo llevan a aniquilación.