¿Y si en 2026 empieza la era de Victor Wembanyama?
En sus primeros play-offs desde que llegase a la NBA, el ala-pívot francés ha guiado a los Spurs a su primera final sin Tim Duncan. La franquicia texana logró su primer anillo en 1999, superando a los Knicks de Nueva York en la final, que 27 años después regresa a la pelea por el anillo.
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Pues no, Shai Gilgeous-Alexander no ha logrado hacer que Oklahoma City Thunder sea la primera franquicia de la NBA en repetir anillo desde que los Golden State Warriors encadenasen los títulos de 2017 y 2018. Los San Antonio Spurs tuvieron la culpa, después de que eliminasen a los vigentes campeones en un durísimo desempate de las Finales del Oeste y, con un resultado de 103-111 establecieran el 3-4. La NBA encadenará su octavo ganador distinto de estas últimas ocho temporadas.
En la Final esperan los Knicks de Nueva York, quienes regresan a unas Finales por primera vez desde 1999 con la esperanza de lograr su primer anillo desde aquel que consiguieran en 1973. Casualmente, 27 años después de repite la final de la temporada 1999 –la del «asterisco» según Phil Jackson, después de la (segunda) retirada de Michael Jordan y mediatizada por el lockout del verano de 1998–, en la que los Spurs, con un joven espigado llamado Tim Duncan a la cabeza, conquistaban el primero de los cinco anillos de la historia de la franquicia, después de que al de 1999 se le sumasen los de 2003, 2005, 207 y 2014m en la última presencia en unas Finales los Spurs.
Los Knicks han llegado a las Finales de la NBA después de ganar 11 partidos consecutivos. Los Atlanta Hawks ganaban por 1-2, pero después de eliminar a los de Georgia por 4-2, cayeron los Sixers de Philadelphia y los Cleveland Cavaliers por sendos 4-0, dos «barridas» que, a pesar de todo, no le dan ningún favoritismo a los de la Gran Manzana. Porque esta es la realidad, que a su vez es la gran pregunta que hay que responder: ¿estamos en el comienzo de la «era Wembanyama», o todavía no?
Los Spurs están disputando sus primeros play-offs desde que drafteasen a Victor Wembanyama en verano de 2023. ‘Wemby’ no está solo, quede claro, porque la franquicia de las espuelas tiene una guardia de corps joven y con talento de sobra, como se ha visto en estas durísimas Finales del Oeste. Julian Champagnie, Stephon Castle, De'Aaron Fox, Dylan Harper, Keldon Johnson o Devin Vassell forman una columna vertebral que, bajo el mandato de Mitch Johnson al frente del banquillo texano, han dado respaldo a un Wembanyama que no solo es el ‘Alien’ de 2,24 metros capaz de dominar en la pintura o clavarlas de tres; atacar en el poste bajo o de cara con el bote, sino que además de sus propios talentos ofensivos y de haber sido designado Defensor del Año, se ha erigido en líder de un grupo en pos del anillo y de retomar el legado dejado por los Duncan, Ginóbili, Parker o Gregg Popovich.
«Queremos cuatro victorias más, no hemos terminado», rugía Wembanyama tras superar en el desempate a un OKC que tuvo un 3-2 a su favor en una eliminatoria sin concesiones, pero en el que entre los problemas físicos propios y los talentos ajenos tuvo que doblar la rodilla.
«Los sueños de un niño pueden convertirse en realidad», reflexionaba el ala-pívot francés, y lo cierto es que el factor cancha también sonríe a los Spurs. Sumaron 62 victorias, por 53 de los Knicks, porque su llegada a la Final viene no solo de haber superado por 3-4 a Oklahoma –un OKC que llegaba a las Finales después de «barrer» a Phoenix y Lakers–, luego de haber dejado en la cuneta a Portland Trailblazers (4-1) y Minnesota Timberwolves (4-2). Lo logrado por los Spurs responde a un juego que ha ido evolucionando a partir de una gran estrella, pero que ha sabido resistir incluso a su ausencia.
«‘Wemby’ tiene una visión de lo que quiere ser como jugador y persona, y el esfuerzo y compromiso es algo que nunca he visto. Pero lo que de veras me llevo es la experiencia que ganamos por cómo empezamos el año, lo que hicimos en la Copa, gestionar las expectativas, jugar series de playoffs sin Víctor (Wembanyama) ni (De'Aaron) Fox», ha considerado a este respecto el técnico Mitch Johnson, dando valor a la larga Fase Regular, al trabajo de ajuste de las piezas y al aprovechamiento de Wembanyama como algo más que una estrella, sino como el referente principal de un equipo candidato a todo.
Mucho más que un sparring
Ahora bien, los Knicks de Nueva York no están en estas Finales para hacer de sparring. Para empezar, derrotaron a los texanos en la final de la Copa –que se repita en la pelea por el anillo la misma final que para la Copa empieza darle poso a un torneo que no solo supone un fin de semana de juerga en Las Vegas– y, como queda dicho, se han llevado las Finales del Este pasando por encima a rivales de mucha enjundia y respeto.
Nueva York parte con un dolor de cabeza propio, más allá de lo que puedan tener enfrente. Y es que hace una semana el pívot Mitchell Robinson sufría una fractura en el dedo meñique y sigue sin fecha para su regreso. Si ya los pronósticos ponen a los Campeones del Este como víctimas de los Spurs, esta baja les ponen las cosas un poco más difíciles. Pero si los texanos intentan hacer ver que son una piña en pos de un objetivo, otro tanto de lo mismo cabe decirse de la franquicia neoyorquina.
«No estaría aquí sin mis compañeros, la confianza que han tenido en mí, este cuerpo técnico, esta organización y esta afición. Sin ellos, nada de esto sería posible», dijo Jalen Brunson tras recibir el trofeo Larry Bird a MVP de las finales del Este.
«Mis compañeros me dan confianza, me dejan ser yo mismo. Creo que, lo más importante, todos confiamos los unos en los otros de arriba abajo. Es un honor jugar con ellos», insistió Brunson, quien a su vez fue también el MVP de la final de Copa.
En ese sentido, las palabras del técnico Mike Brown suenan casi como a asalto final, a sabiendas de que plantearse las Finales como un duelo de egos entre figuras no les traerá el ansiado tercer anillo de la historia de la franquicia.
«Todos y cada uno de los chicos del equipo han hecho sacrificios. Todos y cada uno de los chicos del equipo tiene espíritu competitivo. Todos y cada uno de los chicos del equipo está conectado», afirmaba tras tumbar por 4-0 a los Cavaliers.
«Todos y cada uno de los chicos creen el uno en el otro y en el proceso, y todos me exigen responsabilidades a mí y se las exigen entre ellos. Es un grupo extraordinario. Un grupo extraordinario», añadía, sabedor de que en la Gran Manzana hay un hambre desmesurada por el anillo, y con una expectación que se salta el sentido de la medida.
Y es que ver un partido de las Finales NBA en el Madison Square Garden cuesta cerca de cuatro veces más respecto a hacerlo en el Frost Bank Center de San Antonio.
El asiento más barato en el Frost Bank se vendía por 958 dólares en la plataforma de venta en línea VividSeats. Las entradas más caras para el primer capítulo de estas Finales alcanzan los 10.193 dólares en la misma plataforma.
Acudir al tercer partido, fijado el 8 de junio en el Madison Square Garden, costaba un mínimo de 4.258 dólares. Los boletos más caros superaban los 38.500 dólares.