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Washington marca el ritmo en Ankara y Europa intenta minimizar daños

La cumbre de la OTAN en Ankara, breve pero reveladora, ha evidenciado el creciente peso de EEUU y las tensiones internas de la Alianza. Entre gestos incómodos, advertencias de Donald Trump y nuevos compromisos militares, Europa trata de salir lo más ilesa posible del encuentro.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, cede el paso a Donald Trump durante la cumbre. (Alastair GRANT | AFP)

No ha durado más que dos días, pero la cumbre de la OTAN en Ankara ha dejado alguna que otra pista sobre el futuro más cercano europeo y mundial. El momento de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, señalando las zapatillas blancas de Edi Rama, primer ministro de Albania, para después tratar de hacer reír, sin éxito, a Donald Trump, no hace sino reflejar la dinámica generalizada de ambas jornadas en territorio turco: Washington marca el paso mientras el resto de aliados trata de minimizar los daños de un evento al que, según palabras de Trump, únicamente ha acudido porque lo organiza su colega Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, «quien en muchos casos ha sido más fiel que los aliados de la OTAN».

El magnate neoyorquino no quiso, una vez más, dejar títere con cabeza. «Groenlandia debería estar bajo control de EEUU», afirmó nada más llegar a la capital turca, volviendo a hacer saltar las alarmas en Nuuk, Copenhague y Bruselas. El valor estratégico de la isla –ahora en manos danesas– es evidente, pero las exigencias estadounidenses parecen haberse encontrado con una línea roja que Europa no está dispuesta a traspasar tan fácilmente. 

A principios de este año, un grupo de países europeos trataba de sacar músculo organizando maniobras militares en la isla danesa. En esa misma línea, ayer el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, anunció en redes sociales y en rueda de prensa que su país contribuirá, junto con Finlandia y Suecia, en las rotaciones de las Fuerzas Terrestres Avanzadas de la Alianza Atlántica en Finlandia. Todo ello dentro del marco de la Alianza Atlántica.

El Estado español fue otra de las fijaciones de Trump durante la cumbre. Después de calificarlo como «hostil» y «poco fiable» por su «insuficiente» gasto militar, no solo amenazó al Gobierno de Pedro Sánchez con cortar el comercio bilateral, sino que ordenó a su secretario del Tesoro que lo hiciera «de inmediato». Se le pasó por alto que la UE es una unión aduanera. Los comentarios no parecieron preocupar al Ejecutivo español, que afirmó que no le sorprendían las declaraciones.

Medidas reales 

Más allá de declaraciones hiperbólicas, la militarización del Viejo Continente dio un paso más en Ankara. El compromiso de inversión en defensa de 139.000 millones de dólares alcanzado el año pasado fue complementado este año con otros 50.000 millones de dólares en nuevas adquisiciones de equipamiento militar. «Nuestras inversiones están proporcionando las capacidades que necesitamos, al tiempo que fortalecen nuestra base industrial y nuestra resiliencia», señalaron los jefes de Estado y de Gobierno en un breve comunicado acordado al final de la cumbre.

Otros 70.000 millones de dólares fueron comprometidos para la compra de equipamiento militar, asistencia y formación para Ucrania solo en el año 2026. El comunicado señalaba el compromiso de destinar el mismo importe en 2027. Incluso Trump se mostró, una vez más, abierto a que Kiev pudiese fabricar los sistemas antiaéreos Patriot que tanto ansía su presidente, Volodimir Zelenski.

Lejos de discrepancias públicas y meramente retóricas, Rutte no dudó en recordar la verdaderamente importante:  la mayoría de los aliados ya dedican un 4% de su PIB a defensa, teniendo en cuenta que el objetivo para 2035 es que lleguen a invertir el 5%. Sin dudar en congratularse a sí mismo, pero sobre todo a Trump, porque «esta Alianza está más unida que nunca», el secretario general recordó a los aliados que «deberíamos elogiar a Donald Trump por el hecho de que la OTAN sea ahora mucho más fuerte».