Del PC de 1996 al robot humanoide: así se vive la Euskal Encounter
Ordenadores de última generación, equipos retro, robots humanoides y miles de personas compartiendo cuatro días de convivencia. La Euskal Encounter vuelve a llenar el BEC de Barakaldo con una edición en la que la tecnología se mezcla con el aprendizaje y el reencuentro.
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Mientras para muchos el verano es sinónimo de playa o montaña, para miles de aficionados a la informática la cita imprescindible está entre kilómetros de cableado, pantallas iluminadas y conexiones de alta velocidad. La Euskal Encounter ha regresado al BEC de Barakaldo con una nueva edición que reunirá a más de 5.000 participantes y cerca de 4.000 ordenadores conectados a una red de 70 Gbps.
Torres de ordenador, monitores, teclados mecánicos y sillas gaming han invadido los 21.000 metros cuadrados del Pabellón 5 del recinto ferial de Barakaldo desde primera hora de la mañana. Entre el zumbido constante de los ventiladores y el trasiego de participantes cargados con sus equipos, cada mesa comienza a convertirse en un pequeño cuartel general, y es que en la Euskal Encounter no hay dos puestos iguales. Figuras con personajes de videojuegos, peluches, tiras de luces LED y pegatinas conviven sobre las mesas. Tampoco faltan las torres con paneles transparentes que dejan a la vista el interior del ordenador, convertido casi en una pieza de exposición.

Pero las mesas no solo están ocupadas por ordenadores. Entre teclados y monitores también se acumulan provisiones para aguantar cuatro días de convivencia. Paquetes de galletas, bolsas de patatas y latas de bebidas energéticas, con Monster en casi todos los colores y sabores inimaginables, comparten espacio con botellas de agua. Algunos participantes incluso llegan con pequeñas neveras portátiles. Para quienes prefieren evitar la comida rápida, la organización habilita una zona con microondas donde calentar los tuppers traídos de casa.
Hay quien llega dispuesto a ganar un torneo de videojuegos, quien busca perfeccionar un proyecto de programación o aprender sobre inteligencia artificial, y quien simplemente vuelve porque aquí se encuentra con una comunidad que, desde hace más de tres décadas, comparte la misma pasión.
Una comunidad que se reúne cada año
Es el caso de Naiara Gil, de Iruñea, que acudió por primera vez a la Euskal Encounter hace 18 años y, desde entonces, regresa siempre que puede junto a un grupo de amigos. «Venimos a jugar, a asistir a conferencias y, sobre todo, a disfrutar del ambiente», explica. Para ella, el mayor atractivo del encuentro no son únicamente los videojuegos, sino «el reencuentro con personas a las que no ves desde hace mucho, conocer otra gente y descubrir nuevas tecnologías».

Aunque cada año cambia el programa, Gil reconoce que ya tiene marcadas varias conferencias en su agenda. En esta edición quiere asistir a varias charlas relacionadas con la inteligencia artificial y otra para conocer Urpekari, un proyecto vinculado al desarrollo de un vehículo submarino autónomo, orientado a la exploración, monitorización y recogida de datos en entornos acuáticos. En cuanto a los videojuegos, asegura que este año su grupo ha optado por títulos cooperativos para ocho jugadores, una forma de aprovechar el encuentro para compartir partidas durante los cuatro días que dura la LAN party.
La mirada del recién llegado
Si para algunos la Euskal Encounter es una tradición que se repite verano tras verano, para otros supone un descubrimiento. Es el caso de Ibon Alonso, bilbaíno que este año se ha estrenado animado por un grupo de amigos que ya había participado en anteriores ediciones. «Me ha llamado la atención la cantidad de torneos, talleres y actividades que hay para aprender. Impresiona ver los equipos que trae cada uno y el buen ambiente que se crea. También me gusta la sensación de seguridad que hay a la hora de dejar tu ordenador en la mesa y ausentarte».
Programador de profesión y aficionado a la electrónica, Alonso ya tiene claro qué no quiere perderse: una charla sobre impresión 3D aplicada a la fabricación de cajas para ordenadores y otra dedicada a los drones de combate. «La inteligencia artificial forma parte de mi día a día, así que también me interesa todo lo relacionado con ese ámbito», explica. En cuanto a los videojuegos, este año se decanta por títulos como Battlefield o Kingdom Come: Deliverance II.
Amantes de lo retro
En un pabellón repleto de equipos de última generación, Carlos Berjano, de Durango, llama la atención por un motivo muy distinto. Habitual de la Euskal Encounter desde hace más de dos décadas, este año ha vuelto a instalar un equipo de 1996, una reliquia con la que sigue disfrutando de la informática retro. «Venimos sobre todo para estar con los amigos. Es como ir de campamento o de casa rural con ellos, solo que aquí nos traemos el ordenador», explica.

Acostumbra a acudir con alguno de sus equipos clásicos para restaurarlo y ponerlo a prueba durante la LAN party. «En casa nunca tienes tiempo para enredar. Aquí estás toda la tarde, charlas con los amigos, te vas a comer, das una vuelta y vuelves a trastear», explica mientras intenta devolver a la vida una antigua unidad de CD-ROM. Así, uno de sus rincones favoritos es el RetroEuskal, el espacio dedicado a la informática clásica.
Entre los juegos que ha traído este año destaca Death Rally, un clásico de la conducción lanzado precisamente en la década de los 90. Aunque, por si le apetece algo más actual, reconoce entre risas que en la mochila también viaja una Nintendo Switch 2: «Si quiero algo moderno, también la tengo».
La tecnología que viene
La Euskal Encounter también reserva un espacio para la divulgación tecnológica. Inteligencia artificial, programación, robótica o impresión 3D comparten protagonismo en la Opengune, donde las conferencias y demostraciones atraen tanto a participantes como a visitantes.
Uno de los expositores que más miradas acapara es el de Bravo Robots. Allí, un robot humanoide saluda a quienes se acercan, estrecha manos y despierta la curiosidad de grandes y pequeños. Detrás de sus movimientos está Guillermo, que explica que, aunque en esta edición el robot cumple una función principalmente expositiva, sus posibilidades van mucho más allá.

«Es un aparato sobre el que se pueden desarrollar automatizaciones para que interactúe con el entorno como lo haría un humano, utilizando cámaras 3D, un sensor LiDAR e inteligencia artificial», señala puntualizando que durante la feria permanece bajo control por seguridad. «Genera mucha expectación. Puede bailar, hacer kung-fu o boxeo, pero aquí estamos rodeados de personas y equipos muy caros, así que preferimos limitarnos a que ande y salude», comenta entre risas Guillermo mientras el humanoide estrecha la mano de los visitantes.
A su juicio, este tipo de tecnologías marcarán el futuro de la robótica, tanto en la industria como en los hogares. «Puede ayudar en tareas domésticas, trabajar en fábricas o incluso servir de acompañamiento. Estamos en una fase muy inicial, pero el avance de los últimos años ha sido enorme», añade.
Durante cuatro días, El BEC deja de ser un recinto ferial para convertirse en una pequeña ciudad donde conviven miles de personas unidas por la misma pasión. Entre torneos, conferencias, robots humanoides, ordenadores de última generación y reliquias de los años noventa, la Euskal Encounter vuelve a demostrar que, más allá de la tecnología, su verdadero motor sigue siendo la comunidad.