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La sequía paraliza una parte de la producción hidroeléctrica de Ipar Euskal Herria

El caudal muy bajo de los ríos impide desde hace varias semanas el funcionamiento de parte de las centrales hidroeléctricas, que cubren el 7 % de las necesidades energéticas anuales del territorio.

La central de Ligi-Atherei, en Zuberoa, es la más importante de Ipar Euskal Herria. (Guillaume FAVEAU)

La red eléctrica está seca. A primera vista, la frase puede resultar tranquilizadora, ya que agua y electricidad rara vez hacen buena pareja. Pero la falta de agua que afecta a Ipar Euskal Herria también está dejando sin recursos a las infraestructuras de producción hidroeléctrica, poniendo en entredicho toda la cadena de suministro de energía renovable local.

En Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa, las cerca de treinta instalaciones hidroeléctricas de todos los tamaños, desde pequeños molinos hasta la gran central de Ligi-Atherei, constituyen la principal fuente de energía verde. Con una producción de 112 GWh de electricidad al año, estas instalaciones cubren el 7% de las necesidades eléctricas y abastecen a 46.000 habitantes, es decir, al 15% de la población.

En la Alta Zuberoa, la Société Hydroélectrique du Midi (Shem) gestiona las dos principales reservas de agua del territorio, los embalses de Santa Grazi y Olhadoko, en Larrau, así como las nueve centrales situadas aguas abajo, en la cuenca del río Ühaitza (Saison en francés). En conjunto, producen 106,3 GWh al año.

«A finales de junio ya no había suficiente agua»

«A estas alturas del mes de agosto, vivimos una situación que puede calificarse de normal. Todas nuestras instalaciones están paradas durante la temporada de estiaje –el nivel más bajo que alcanza un curso de agua durante el año–. Lo que ocurre es que este año la temporada de estiaje comenzó muy, muy pronto. A finales de junio ya no había suficiente agua», explica Philippe Gillino, responsable de las centrales de Shem en territorio vasco.

En Ligi-Atherei, en la confluencia de los ríos Larrau y Santa Grazi, el Ühaitza presenta este verano un estiaje especialmente severo. Como consecuencia de las altas temperaturas y de la ausencia de lluvias significativas, el caudal del río no ha superado los 5 metros cúbicos (m³) por segundo desde mediados de junio, y se sitúa por debajo de 1,5 m³ por segundo desde mediados de julio, muy lejos de las medias mensuales de entre 20 y 35 m³ por segundo registradas durante el resto del año. La prefectura de Pirineos Atlánticos situó el Ühaitza en situación de «alerta reforzada» el 8 de julio, y desde el 28 de julio se encuentra en «crisis», el nivel máximo de alerta.

Como explica Philippe Gillino, por debajo de un determinado caudal fijado administrativamente, el denominado «caudal reservado», las centrales hidroeléctricas ya no tienen autorización para hacer funcionar sus turbinas y deben dejar que aguas abajo discurra toda el agua que reciben desde aguas arriba. Pero desde hace ya varios meses, «el caudal natural de los cursos de agua está por sí mismo por debajo de ese caudal reservado».

Algo más abajo, Christine Etchegoyhen, al frente de la empresa Énergie Hydroélectrique Soule, gestiona varias pequeñas centrales de pasada, sin grandes embalses. Para ella, «la preocupación es que este periodo sin turbinar se prolongue. Si a finales de septiembre el agua no hubiera regresado, sería muy preocupante, especialmente para nuestra facturación», reconoce la empresaria.

«Las tormentas ya no son suficientes»

«En el País Vasco tenemos 130 años de experiencia con las centrales hidroeléctricas. Antes, con algunas tormentas de verano, conseguíamos volver a poner en marcha las turbinas durante unos días. Hace unas semanas, las tormentas que atravesaron el territorio fueron muy localizadas. Las tormentas ya no son suficientes; han permitido que los prados vuelvan a verdear, pero no han conseguido aumentar de manera significativa el caudal de los ríos», explica.

Como en verano la demanda eléctrica aumenta en un territorio turístico como Ipar Euskal Herria, otras fuentes de producción compensan la paralización de las centrales hidroeléctricas. A la cabeza se encuentra la energía nuclear, que también se ve afectada por el descenso del caudal y el calentamiento de los cursos de agua. Una prueba más de que la mejor energía es la que no se consume.