Una hija, un padre y el cine en un viaje íntimo y coral
La hija que perdió a su padre a los diez años necesita conocer al hombre detrás del personaje público. Este guardó sus objetos y documentos en una maleta que estructura el viaje y pone en conversación a quienes compartieron su vida y obra. Una historia tierna y cargada de memoria colectiva.
Artikulu hau irakurtzeko
erregistratu doan edo harpidetu
Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi
Klikik gabe gelditu zara
Rostros conocidos del teatro vasco de calle de los años 70, 80 y 90 que compartieron escenario con Álex Angulo en fábricas, pueblos y barrios con la compañía Karraka, amigos y colegas del cine, su compañera Mayda Zabala, su hija Dodó, y un numeroso público que abarrotó la sala se dieron cita para la presentación de ‘La maleta de Álex’. Una película documental dirigida por Alejandro Cortés Calahorra y producida por Larrua Creaciones, que puso las emociones a flor de piel y logró hacer saltar lágrimas.
Dodó Angulo viaja desde Taiwán a Bilbo para reencontrarse con el padre que perdió en 2014 en un fatal accidente de tráfico en Fuenmayor (La Rioja). Necesita conocer, necesita mirar detrás del conocido actor que participó en películas muy populares que quedaron en la memoria con personajes como el Padre Berriatua de ‘El Día de la Bestia’ o el valiente doctor de ‘El laberinto del Fauno’. En Bilbo, su madre le muestra la maleta en la que su padre guardaba los objetos, fotografías, guiones… cada pieza llevaba a personajes y lugares de la vida y obra de un intérprete querido y respetado.
Archivo vivo y vibrante
Esa necesidad de mirar más allá cargó de energia el auditorio y articuló el viaje de Dodó Angulo, sin duda íntimo y emocionante, donde la ausencia de su padre está presente, pero con un toque divertido, ya que por momentos el público también sonrió.
Por otra parte, la película mostró un archivo vivo y vibrante de la historia de las artes escénicas de nuestro país, del teatro popular e independiente, desde los años 60. Un tesoro.
Álex Angulo (Erandio, 1953), como figura esencial del teatro, el cine y la televisión de nuestro país, ya recibió en 2010 el Premio Zinemira del Festival que reconocía su trayectoria. En ese sentido, la de ayer fue como una vuelta, ya que en el tratamiento narrativo de la película, su voz, su gesto y su interlocución se hacen muy presentes. Como el niño que siempre llevaba puesto y se reía a carcajadas. No fue, en absoluto, una proyección ni solemne ni nostálgica. Fue una historia familiar de una hija para recuperar los recuerdos de un padre que perdió demasiado pronto, que ayer unió a dos generaciones, la de los amigos y amigas de Dodó y la de los compañeros de fatiga de su padre.
Humanidad con huella
Dentro de esa maleta, efectivamente, habita el cura Berriatua y su confesionario, un bar de un barrio obrero lleno de humo y Mirindas, surgen conversaciones pendientes de sus colegas con la imagen viva de Álex. Ramón Barea, Álex de la Iglesia, José Coronado, Pepe Viyuela... cineastas, intérpretes, familiares y amigos vinculados a la vida y carrera artística que hicieron un retrato coral del actor de teatro, del rostro popular de televisión y del hombre fuera de plano.
Si bien es recordado por personajes más secundarios, su maestría de interpretación, su talento y su trabajo hicieron de él un actor imborrable, por mucho que se fuera demasiado pronto. La cerrada ovación que recibió la película cuando finalizó y los ojos humedecidos de más de uno dieron muestra de ello. ‘La maleta de Álex’ rindió homenaje al actor inolvidable, sí, pero sobre todo a una persona cuya humanidad dejó huella en quienes lo conocieron.