Jose Mari Esparza Zabalegi
Editor
KOLABORAZIOA

Peces o sopa de pescado

Son momentos de reflexiones en la izquierda vasca. Hemos salido algo despistados de la etapa política anterior; falta adecuar medios y objetivos, y nuevos arrastreros han irrumpido con fuerza en lo que considerábamos «nuestros» caladeros políticos tradicionales.

Aparcadas las vías de las insurrecciones armadas, a las izquierdas solo les queda el camino de conseguir hegemonías, mayorías electorales y palancas de poder que permitan ir dando la vuelta a la tortilla capitalista, hacer frente al imperialismo y, en nuestro caso, sacar a los presos y presas, frenar la españolización y poner rumbo hacia la independencia.

La apuesta de EH Bildu fue el gran acierto estratégico para la etapa que se abría. Por vez primera, aparecía aunado un, digamos, Frente Popular vasco, un poderoso río alimentado, a derecha e izquierda, con arroyos de variados manantiales: la izquierda abertzale, responsable de acarrear toda la fuerza histórica que desde el nacimiento de ETA ha transformado la historia de nuestro tiempo y nuestro entorno; Eusko Alkartasuna, que ha hecho un valiente recorrido desde los cómodos pastos del PNV a las agrestes sendas de la soberanía; los camaradas de Alternatiba, que trajeron hacia aguas abertzales a parte de la izquierda española; por último, los paisanos de Aralar que representaban esa parte de la izquierda abertzale que dejó hace tiempo de comulgar con la lucha armada.

Cuatro soportes diferentes para prender nuevas ilusiones, conseguir mayorías y sostener nuestra biodiversidad: el pequeño empresario de Zarautz junto al proletario de Ezkerraldea; el jelkide fededun de Azpeitia y el republicano ateo de Lodosa; el ochoapellidos de Orba y el último Mohamed arribado. La diversidad nos hizo fuertes y, sobre todo, nos enseñó a practicar la convivencia política dentro de EH Bildu, germen de la Euskal Herria de colores que anunciamos. Tras los éxitos iniciales, el experimento necesita evidentes ajustes.

Hablando de la grandeza de la diversidad, escuché una vez a André Schiffrin, el gran editor norteamericano, que «de una pecera llena de peces diferentes, se puede hacer una sopa de pescado, pero es muy difícil hacerlo al revés». Y suelo recordar la frase cuando veo a los dirigentes de EH Bildu, sean Urizar, Matute, Arraiz o Zabaleta, con discursos que son cada vez más parecidos, hablando todos de una boca, lo que parece indicar que algunos ya han metido la batidora, quizás con la pretensión, es inevitable, de que la sopa resultante tenga el sabor del pez más grande.

Al final, esa sopa no convence a nadie. Caricaturizando un poco, los de EA se han batasunizado; los de Sortu parecen de EA; los de Aralar piden ahora que no desaparezca ETA y los de Alternatiba parecen de ANV. Y el resultado lo estamos viendo: crece el despiste, son muchos los que no se ven del todo identificados y optan por quedarse a un lado, a verlas venir.

Soy de los que opinan que, antes de que nos hagan sopa o papilla, hay que defender la diversidad de peces, colores y caladeros. EH Bildu necesita un Eusko Alkartasuna fuerte, que dispute al PNV sus feudos y le desgaje su costado independentista. Una Alternatiba fuerte, que siga siendo puente hacia los rojos vasco-españoles. Un Aralar fuerte, que recupere cuanto dejó en Geroa Bai. Y un Sortu poderoso, que deje de poner cara de no haber roto un plato en su vida y reivindique sin complejos su pasado y su genio para prender insurgencias e ilusionar a los sectores más combativos de nuestro pueblo. Y si de algo hay que autocriticarse, que sea, como nos enseñó el montonero Miguel Bonasso, «para que la próxima vez lo hagamos todavía mejor».

Peceras diferentes, pasados múltiples, sensibilidades plurales, discursos diferenciados y, siempre, la puerta abierta a nuevas alianzas (Geroa Bai, Podemos) que nos permitan adelantar la primavera.

Sí, ya sabemos que poner orden en esos tinglados es como organizar un pote de grillos. Pero de eso se trata, ¿no? De dirigir cuadrigas y no yuntas de bueyes. Sin ETA, el tiempo de los aparatos piramidales debe ser solo historia. Como diría Mafalda: sopa no, por favor.