28/04/2016

Itziar Ziga
Activista feminista
Verbena en Plutón
Siempre me he sentido afortunada de tener a tanto gay, a tanta travesti y a tanta transexual como hermanas de lucha. Por encarnar juntas una y otra vez a esa vedette acabada pero inmortal, mamarracha, viciosa e insurgente

El domingo pasado decidió marcharse de este mundo Kevin, un irlandés al que adoraré siempre que iluminaba las calles del Raval desde hace... me lo dijo una noche. Aquel cuerpo de guerrero celta latió consagrado al placer. Un día cualquiera de verbena gloriosa tuve el honor de prestarles mi alcoba a él y a otros tres alegres maricones para que retozaran. Un zulo minúsculo y oscuro con un colchón enorme. Como soy una atenta anfitriona, al rato me pasé para ofrecerles cerveza y estupefacientes. En las orgías estivales de Barcelona se pierden muchas sales minerales, lo sé por experiencia. Me pidieron que me quedara a darles conversación mientras follaban, siempre estaba libre la boca de alguno. Así estuvimos horas, yo sentada en el suelo entregada a su hidratación y a la cháchara. Quedé con Kevin a los pocos días, se había dejado el aro que llevaba insertado en su verga pelirroja entre mis sábanas. Adoro seguir durmiendo y follando en el mismo colchón.

Siempre me he sentido inmensamente afortunada de tener a tanto gay, a tanta travesti y a tanta transexual como hermanas de lucha. Pero especialmente por encarnar juntas una y otra vez a esa vedette acabada pero inmortal, mamarracha, viciosa e insurgente que celebra vivir al margen de la contención y la rutina mientras señala todas las injusticias del mundo. Así era Kevin, estudió derecho en Dublín para ser una petarda de noche y agitadora de día en Barcelona. En 2009 decidió parir a Plutón, el electrocantautor que llevaba dentro. Todos sus temas están en Youtube, hoy no paro de escuchar “Pastillas y polvos”. Como diría el poeta W. B. Yeats, «siendo irlandés tenía un arraigado sentido de la tragedia que le sostuvo durante muchos periodos de alegría».

Estuve con Kevin por última vez hace unas semanas en nuestro glamuroso antro del Raval, el Madame Yasmine. Recuerdo su eterna carcajada diabólica y nuestros abrazos, pero no lo que hablamos. Los nuestros siempre fueron los encuentros entre un irlandés borracho y una vasca borracha que se quisieron desde el primer instante. Colmó de amor y risas el corazón de muchísima gente. Slan Abhaile, amado Kevin.