Pablo Marte
Comisario de la exposición ‘Giltzapekoak: notas sobre la reclusión’

Pablo Marte (Cádiz, 1975) es uno de los comisarios de la exposición censurada inaugurada hoy en el Koldo Mitxelena Kulturunea. A través del teléfono, responde brevemente las preguntas de NAIZ sobre el veto a las obras de varios presos políticos vascos, en las que asegura que «no hay nada que pueda herir a las víctimas».

«Una exposición que trata un tema espinoso está casi obligada a evidenciar los conflictos»
@zalduariz|DONOSTIA|2016/11/17 19:20|12 iruzkin
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Pablo Marte

Alegan que les toca elegir entre dos derechos: el derecho a la libre expresión y el derecho al respeto, cuidado y protección de las víctimas. Pero es que en las obras no hay nada que pueda herir a las víctimas.

Sería muy naif pasar por alto ciertas realidades al hablar de reclusiones y cárceles.

Habéis denunciado que Donostia 2016 ha censurado varias obras de la exposición ‘Giltzapekoak: notas sobre la reclusión’. ¿Cómo ha sido?
Han censurado una serie de dibujos, un cuadro y una película, concretamente, un mediometraje. Nosotros en ningún momento hemos explicitado de quién son las obras, simplemente presentamos nuestra queja por no poder tener un espacio de libre expresión y librepensamiento.

¿Es Donostia 2016 quien alega que son obras de dos presos políticos vascos?
Sí, son ellos quienes hacen público que se trata de presos de ETA. Nosotros no lo dijimos porque no queremos que se focalice todo en estas personas y porque nos debemos también cierta confidencialidad para con nuestro trabajo. Preferimos mantener discreción para no ocultar además el resto de la exposición.

Se trata de una exposición que, según la presentación, «se centra en las narrativas de las personas que atraviesan las condiciones de reclusión». ¿Cuál ha sido el problema?
Así es. Es un tema complejo que a nosotros nos pidieron trabajar desde el contexto local. No podíamos pasar por alto ciertas realidades cercanas y próximas de nuestra vecindad. Sería muy naif pasar por alto ciertas realidades al hablar de reclusiones y cárceles. Hemos tratado el tema con la delicadeza que requiere, pero también con la ortodoxia que pide nuestra profesión, que al fin y al cabo es una profesión de pensar. Nuestro trabajo es pensar y en esa labor hay que tener cuidado, pero no hay que tener remilgos por tratar ciertos temas.

¿Cuándo os dicen que las obras no pueden exponerse?
Cuando la película ya está lista para ser proyectada y el cuadro y los dibujos están ya colgados. En ese momento, después de algunas conversaciones, anunciamos que queremos evidenciar la censura, que en nuestra profesión es una práctica de lo más habitual. No queremos participar del ocultismo con el que normalmente se trata esto, y entonces decidimos cambiar el texto que va en la pared y substituir las obras por un trozo de papel que cubre exactamente el tamaño de los originales. Que la gente que venga no piense que hemos tenido un discurso naïf o pobre, que las ausencias no son por nuestra causa.

¿Qué razones os dan para censurar las obras?
Las que han anunciado públicamente, que no compartimos para nada. Alegan que les toca elegir entre dos derechos: el derecho a la libre expresión y el derecho al respeto, cuidado y protección de las víctimas. Pero es que en las obras no hay nada que pueda herir a las víctimas. En cualquier caso, una exposición que trata un tema espinoso está casi obligada a evidenciar los conflictos. De eso se trata. Si no estaríamos haciendo historiografía o ilustración. Lo que ha ocurrido es que nosotros pensábamos que la sociedad estaba lo suficientemente madura como para dirimir y diferenciar hechos de representaciones; porque nosotros trabajamos en el mundo de la representación, no en el de los hechos.

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