2016/12/06

PEDRO UGARTE
ESCRITOR

Pedro Ugarte vuelve al género del cuento con «Nuestra historia», una colección de relatos que enfoca temas como la crisis económica o la búsqueda de la felicidad desde la distancia corta de las escenas domésticas y los personajes comunes. Diez historias que podrían ser las nuestras. Y todo ello a través de las gafas de Jorge.

«Es terrible, pero muy posiblemente la felicidad apenas sea un accidente»
Patxi IRURZUN
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Bukowski decía que en sus relatos prefería narrar la vida de un vagabundo norteamericano actual que la muerte de un dios griego. Y, del mismo modo, en los cuentos de Pedro Ugarte las epopeyas de hoy en día son pagar una hipoteca o mirar las grietas que comienzan a abrirse en una relación de pareja. En “Nuestra historia” el autor bilbaino nos cuenta diez historias comunes que podrían ser las nuestras, pues muestran anhelos, alegrías y fracasos universales.

Un nuevo libro de cuentos… Hipolito G. Navarro decía que entre cuento y cuento escribía una novela. ¿Cuál es su relación con el género, cómo ha escrito estos cuentos, los ha recopilado de diferentes épocas, los ha escrito pensando en que formaban parte de un todo?

Creo que escribir cuentos se parece a escribir poemas. Una novela exige una planificación, un diseño. Pero los poetas escriben poemas como los narradores breves escribimos cuentos: como una forma de respirar. Luego, con el tiempo, planteas crear un libro. Digamos que si en el novelista la planificación precede a la redacción, en el caso del autor de libros de cuentos ocurre exactamente al revés.

He leído «Nuestra historia» a la vez que una novela, «Stoner», que cuenta la vida anodina de un profesor universitario, y he encontrado coincidencias con sus Jorges. Stoner podría ser Jorge. ¿Quería abordar ciertos temas –la crisis económica, la búsqueda de la felicidad, las relaciones familiares– desde la perspectiva de unas vidas aparentemente comunes?

Hay una anécdota de Philip Larkin bastante significativa al respecto: le reprochaban que sus poemas no alzaban el vuelo, que se dedicaban a cosas muy concretas. Él contestó: ‘¿De veras? ¿Y a qué dedican el tiempo las otras personas? ¿a matar dragones?’. La verdad es que en literatura me gusta trabajar las distancias cortas, escenas domésticas, pocos personajes: todas las ambiciones, las alegrías y los fracasos del universo se encuentran exactamente ahí.

El título del libro, «Nuestra historia», ¿busca una identificación con las historias de los personajes?

En literatura los títulos deben tener un poso equívoco, una dimensión plural. En “Nuestra historia” esa potencialidad reside en el posesivo “nuestra”. ¿A la historia de quién se refiere el autor? ¿A la suya, la de su familia, la de su país, la de su tiempo? Todas esas interpretaciones serían posibles, y ninguna excluiría a las otras.

¿Cree que en las vidas normales hay también grandes historias?

Espero sinceramente que sea así: me he pasado la vida escribiendo sobre vidas normales, en la esperanza de que en ellas aniden buenas historias. Sería muy duro llegar, a estas alturas, a la conclusión contraria.

Jorge es un personaje recurrente en su obra, pero ¿no es más bien un recurso, un alter ego? ¿Es siempre el mismo Jorge o existe más de un Jorge en su literatura?

Jorge ha protagonizado cuatro de mis seis novelas y unos sesenta cuentos. ¿Quién es Jorge? Realmente, le han ocurrido tantas cosas que es imposible que una sola vida humana pudiera reunirlas todas.

Yo interpreto que Jorge es una mirada, un modo de ver la vida, o de padecerla. Mis lectores saben que, cuando me están leyendo, van a ver la realidad a través de unas gafas especiales. Esas gafas pertenecen a Jorge.

Ha dicho que le cuesta cambiar el punto de vista de un narrador masculino, que apenas has escrito desde los ojos de una mujer…

Realmente es una incapacidad. Me admiran los escritores, hombres y mujeres, capaces de ponerse en la piel del otro sexo. Voy a confesarte un pequeño triunfo: tras cuatro décadas de trabajo, hace poco logré terminar un microrrelato de dos páginas cuya voz pertenece a una mujer: para mí ha sido una experiencia extraordinaria, como escribir “La Ilíada”…

«Nuestra historia» destila un tono tragicómico, no sé si es pretendido, o una manera de abordar temas delicados: las dificultades económicas, las rupturas…

Me interesa la ternura, la emoción, tocar teclas sensibles. Como vengo de una narrativa anclada en el humor, se ha producido una conjunción de sensaciones distintas. Es un tono que me gustaría perfeccionar: contemplar la realidad a través de una sonrisa triste, digamos, pero es difícil.

En relación con ese tono tragicómico, hay algo esperanzador en algunos cuentos, donde la felicidad se encuentra en el centro de una situación crítica, casi desesperada…

Nuestra historia también quiere reflexionar sobre la felicidad. Y la felicidad se halla, por definición, en lo inesperado. Basta que busques de forma premeditada un espacio de felicidad para que te garantices que no llegue nunca, o que aquel lugar en que te encuentres no la contenga de verdad. Es terrible, pero muy posiblemente la felicidad apenas sea un accidente.

En literatura me gusta trabajar las distancias cortas, escenas domésticas, pocos personajes: todas las ambiciones, las alegrías y los fracasos del universo se encuentran exactamente ahí.