2017/03/18

EPARQUIO DELGADO
PSICÓLOGO

Es director del Centro Psicológico Rayuela en Tenerife. Colabora como divulgador en diversos medios audiovisuales y capitaneó el podcast de psicología y neurociencia Conexiones en Red. En 2013 recibió el Premio Mario Bohoslavsky que otorga ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. Es autor de “Los libros de autoayuda ¡vaya timo!” (Laetoli).

«En política, la felicidad es un significante vacío»
Mertxe AIZPURUA|DONOSTIA
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En la trayectoria profesional del psicólogo Eparquio Delgado hay un común denominador dirigido a desmontar mitos reproducidos en manuales y estudios que venden «felicidad, bienestar y optimismo, a cómodos plazos y con vistas al mar», tal y como reza la portada de su libro.

¿Por qué este auge de referencias constantes a la felicidad en esta sociedad?

El problema es el que el concepto de felicidad es un concepto mítico. Pero la realidad es que la felicidad ni significa lo mismo en todos los ámbitos culturales y ni siquiera significa lo mismo para todas las personas que pertenecen a un mismo ámbito cultural.

¿Y qué opina de la cantidad de investigaciones que hay sobre el tema?

En primer lugar, la felicidad no tiene una definición; no se puede definir. Lo que hacen las investigaciones sobre la «felicidad» es, por lo general, evaluar el bienestar subjetivo. Lo que luego no se puede hacer es presentarlo como un estudio de la felicidad, porque antes deberías haber definido qué es, y no hay una definición.

Sin embargo, cada vez más, se considera como una medida adecuada del progreso social y un objetivo de las políticas públicas...

Yo me pregunto cómo algo que no está definido puede ser objetivo de las políticas públicas. El problema de la felicidad y del bienestar subjetivo es que acaba reduciendo el concepto de felicidad a la apreciación de la felicidad; es decir, a cómo de bien me siento. Y no sé si esa es una medida correcta para valorar el buen gobierno. Viene a sustituir al concepto de calidad de vida, que tiene indicadores más objetivos. El de la felicidad es un concepto que corre el riesgo de ser utilizado ideológicamente.

¿Se promociona precisamente cuando las condiciones de la ciudadanía van a peor?

Creo que sí, aunque no diría que hay una estrategia diseñada para hablar de la felicidad. Se puso de moda ya a finales de los años 90, con la aparición de la llamada sicología positiva y entonces se comenzó a investigar científicamente en torno al tema, algo sobre lo que mantengo mis más que razonables dudas. Antes de que estallara la crisis, la felicidad ya había copado las portadas de libros y la moda de la autoayuda estaba en alza.

¿Por qué razón ha entrado en la política?

Hablar de felicidad es bonito, es atrayente. Es un significante vacío, vacuo, uno más, de la política actual. Tiene un halo de buenrollismo y, además, ¿quién se va a poner en contra de la felicidad? Se plantea esto de que el bienestar subjetivo es colectivo pero, por definición, el bienestar subjetivo es individual. Es una forma de redirigir hacia el ámbito individual las cuestiones que no son individuales o que no deben ser individuales.