2017/03/20

Erreportajea
 
LA CORRERÍA DE 300 NAZIS EN LAS FIESTAS DE SAN FERMÍN DE 1940

Las fiestas de Iruñea de 1940 estuvieron marcadas por la presencia de un contingente nazi. Según las crónicas, los militares dejaron a un lado la disciplina y se pusieron a bailar «frenéticas jotas», mientras sus jefes se dejaban agasajar por las autoridades.

Aritz INTXUSTA
Nazi

Dicen que fue Ernest Hemingway quien popularizó los sanfermines en el mundo con su libro, “The Sun Also Rises”, cuyo título se tradujo al castellano como “Fiesta”. Era su segunda novela y, en la práctica, fue la que le convirtió en famoso tras la tibia acogida de “Aguas Primaverales”, publicada también en 1926. Tres años después, consolidaría su figura como escritor con su “Adiós a las armas”.

Pese a que la carrera literaria de Hemingway apenas se había iniciado –no le dieron el Pulitzer hasta 1953– era sobradamente conocido en Alemania en el año 1933. De hecho, los nazis decidieron incluir sus títulos en la famosa quema de libros del 10 de mayo en la Plaza de la Ópera de Berlín. Concretamente, los libros del norteamericano se quemaron por «ser un monumento a la decadencia moderna».

Sea como fuere, parece ser que algún ejemplar de “The Sun Also Rises” sobrevivió a las llamas, a tenor de cómo se lo pasaron después un grupo de unos trescientos nazis en las fiestas de Iruñea en plena guerra mundial. El “Diario de Navarra” da cuenta de sus correrías y de lo bien que les trataron las autoridades en su edición del 9 de julio de 1940. «A media mañana de este San Fermín de lloviznas, soldados alemanes empezaron a surcar la ‘&discReturn;olada’. Eran los mismos –altos, silenciosos, rubios– que los noticiarios y las fotografías nos han situado en Praga, en Varsovia, en La Haya, en Bruselas, en París, en Hendaya», escribe el cronista del citado periódico, entusiasmado por el avance del Ejército alemán. «Aquellas ciudades de una Europa verde los veían pasar por derecho de conquista, Pamplona, entre el oro de las mieses segadas, los acogía por derecho de hermandad», sostiene embravecido.

Es difícil distinguir, debido al verbo fervoroso del periodista, por qué estos tres centenares de militares nazis se detuvieron en la capital navarra. Según él, su presencia se debía a que «la ciudad les había invitado a participar en su fiesta, porque en su dolor, en los aciagos días de la guerra, los legionarios alemanes pusieron su esfuerzo para que estas fiestas fueran algún día posibles». No obstante, cabe recordar que por esas fechas el dictador Francisco Franco y Adolf Hitler se hacían carantoñas en busca de una mayor implicación en la II Guerra Mundial. El icónico encuentro entre ambos en Hendaia se daría solo tres meses más tarde, el 23 de octubre. Justo antes de esa fecha, también está documentada la presencia del líder de las SS, Heinrich Himmler, en Altsasu. No se sabe si llegó a tocar el pueblo o se quedó en la estación, pero almorzó con el gobernador civil.

Volviendo a los trescientos nazis sanfermineros, el día del patrón (cuya imagen salió en esa ocasión escoltada por un regimiento de infantería, guardias civiles de gala y un tercio del Requeté), el Ayuntamiento de Iruñea les abrió sus puertas para que los mandos tomaran un «vino de honor». Y en la calle, más aplausos a las tropas hitlerianas: «Racimos de mozos ofrecían a los alemanes, sonrientes y llenos de estupor, el vino caliente y bravo de nuestra tierra», asegura el plumilla. Lo más curioso es que, pese a haber venido de uniforme, parece ser que los nazis rompieron su disciplina y se dejaron llevar. «Al son de las gaitas, mozos con el gorro militar alemán y soldados alemanes con boinas, los sombreros de paja y los pañuelos al cuello, bailaban la jota más frenética y bulliciosa», escribe el periodista.

Y en la plaza de toros, más coba a los alemanes. Quizá por dar mayor credibilidad a la historia, la portada de la edición de “Diario de Navarra” lleva ese día una foto del «jefe militar de los alemanes que nos han visitado» del mismo tamaño que la que ilustra la procesión de San Fermín. Junto al comandante nazi, aparece el torero Curro Caro (con traje de luces y pañuelo rojo), que acude a saludarle tras haberle brindado la muerte de un toro desde la arena. Dentro del coso, «todos los espectadores, en pie, les ovacionaron largo rato. Sonaban el himno nacional y el Deutschland Über Alles», relata “Diario de Navarra”.

Lo cierto es que ella presencia nazi en Iruñea fue mucho más allá de una anécdota sanferminera. El escritor Miguel Sánchez-Ostiz tiene documentado incluso que el Ayuntamiento desplegó en el balcón la bandera con esvástica. El Reich tenía un consulado en la calle San Ignacio donde también se colgaban las banderas con la cruz gamada, junto a las de la Falange y la Cruz de Borgoña en fechas señaladas.

HIMNOS

En la plaza de toros se pusieron los himnos alemán y español para que la gente se pusiera en pie. En el ruedo, el matador Curro Caro brindó un toro al comandante alemán, que acudió a la corrida de uniforme.