2017/03/21

Raimundo Fitero
Fronteras

Desde la llegada de Donald Trump al espectáculo parece que han desaparecido del radar informativo asuntos tan graves como son los migrantes en campos de dudosa seguridad y limpieza en territorio de la Unión Europea, las muertes y desapariciones de cientos de personas en el Mediterráneo siguen sucediendo pero no tiene el rango informativo que debieran. Escribe el señor naranja una idiotez en la red del pajarito y marca la agenda informativa de medio mundo. O del mundo entero. Todos pendientes de las barbaridades que suelta el del despacho oval o su portavoz, esa especie de muñeco loco de ventrílocuo con esófago de rumiante.

Nos entretienen con esas sugerencias déspotas y no nos fijamos en lo que están haciendo verdaderamente. No es tanto lo que anuncia que hará sino lo que va haciendo sin gestos raros, usando el subtexto de la desregulación financiera, de la subida de tasas en las fronteras y de los pactos con lo más turbio de la industria armamentística. Trata a los presidentes de países amigos como asistentas, da recomendaciones que son órdenes, su actitud es denigrante, pero parecen haber decidido doblegarse a sus furias.

Para Trump las fronteras son muros y alambradas. Parece haber decretado el final de la globalización, la circulación de bienes y capitales la encuentra normal, pero le cuesta entender que lo único que debe tener libertad de movimientos son las personas. No comprende de manera certera el término personas. Ni está muy familiarizado con los derechos humanos.

Ese es el principio de su tono naranja, le falta una encima en las neuronas que solamente le permite a los blancos con ingresos superiores y a las mujeres que prefieren un diamante a un poema. Al resto nos pondría fronteras o jaulas, dependiendo del ácido úrico que lleve en sangre ese amanecer.