Beñat ZALDUA
DONOSTIA

La doble inquietud del PP y el PSOE ante la pugna del 21D

La extraña campaña catalana adquiere en días como ayer los rasgos de una cacofonía caótica en la que es difícil percibir las líneas maestras de cada candidatura. Si es que existen. Entre las pugnas colaterales al 21D plebiscitario, los dos últimos días ha aflorado la lucha en el seno del bloque del 155, donde PP y PSOE ven con pavor el ascenso de Ciudadanos, tanto por los votos que les roba en Catalunya como por sus efectos en el resto del Estado.

La campaña catalana es un gallinero, una cacofonía de voces en la que todos tratan de colocar su mensaje apoyándose en el hombro del de al lado. De momento es difícil sacar conclusiones, y es mejor decirlo claro antes de entrar en las habituales especulaciones preelectorales: hasta que la noche del 21 de diciembre los resultados de las urnas no pongan a cada uno en su sitio, va a ser imposible adivinar por dónde pueden ir los tiros en Catalunya a corto y medio plazo.

Basten unos titulares apresurados como resumen de la jornada de ayer en el gallinero electoral: Esquerra utilizó el espantapájaros de Ciudadanos en la Generalitat para movilizar a su electorado; Ciudadanos apuntó sus dardos contra Puigdemont en su ciudad, Girona; mientras la candidatura del president, Junts per Catalunya, insistió a Esquerra en que el president debe seguir siendo el hoy exiliado. El PP, a su vez, metió el dedo en la llaga independentista, gozando de sus disputas, pero el PSC hizo campaña anunciando la vida sobre las cenizas de Mariano Rajoy. Y para cerrar el capítulo del 9 de diciembre, los Comuns y la CUP dirigieron sus mensajes a Esquerra, los primeros para pedirles que aclaren quién es el candidato del partido –como si fuese responsabilidad suya que Junqueras siga en prisión–, y los cuperos para invitar a Esquerra a volver al camino de la unilateralidad. Si el resumen les ha parecido un caos es porque la realidad catalana, ahora mismo, también lo es.

Madrid viaja a Barcelona

La razón de semejante cacofonía –disonancia que resulta de la inarmónica combinación de los elementos acústicos de la palabra, según la RAE– es que en las elecciones del 21D, para bien o para mal, se dirimen bastantes más cosas que los votos con los que cuentan el bloque independentista y el bloque unionista del 155. Que nadie se despiste, el carácter plebiscitario de la contienda se reconoce implícitamente hasta en Madrid, pero bajo la pugna principal se esconden otras muchas secundarias de importancia no menor.

La derivada que ha aflorado en los últimos dos días con mayor intensidad es la pugna en el seno del bloque del 155, donde los dos grandes partidos españoles van a rebufo de Ciudadanos, probablemente el único partido con las ideas más o menos claras sobre lo que debe hacer durante la campaña electoral. Inés Arrimadas se sueña ya presidenta de la Generalitat gracias a las encuestas convenientemente cocinadas, aunque lo cierto es que, con los números de anteriores elecciones en la mano, resulta prácticamente imposible que el bloque del 155 sume lo suficiente como para gobernar.

Otra cosa es que el independentismo pueda hacerlo por sí solo: la encuesta que “La Vanguardia” publica hoy sitúa a los comunes como bisagra indispensable entre ambos bloques, ninguno de los cuales sumaría mayoría absoluta. Ver venir.

Sea como sea, el desembarco de líderes estatales estos días en Catalunya no ha sido casual. Tras el paso de Mariano Rajoy por Lleida el viernes –donde el PP trata de amarrar su único escaño en la provincia–, ayer fue el turno de Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Para el primero, el 21D es el primer test electoral tras su regreso triunfante a Ferraz a lomos de una militancia asqueada con las élites del partido. Un buen resultado de Iceta reforzaría por tanto a Sánchez y apuntalaría al PSC como contrapeso interno a Susana Díaz. Sería punto de anclaje, además, para empezar a tejer cierta alternativa a Rajoy. En resumen, a Sánchez el 21D solo le interesa en términos estatales. Solo así se explica que ayer dirigiese sus dardos contra el PP, que amenaza ruina en Catalunya. «Queremos dejar atrás el legado de ceniza del PP», resumió el líder del partido que apoyó el 155.

Pero si alguien espera que los resultados del 21D tengan un efecto en Madrid, ese es Albert Rivera, que ayer llenó con 1.200 personas un auditorio de Girona, en principio plaza hostil al partido naranja. Poca broma. Cada voto de más que separe a Ciudadanos del PP elevará el precio del apoyo de Rivera a Rajoy en el Congreso.