2014/08/25

Erreportajea
Aniversario de los sucesos del Hospital Filtro
Montevideo, un ejemplo que no borran dos décadas

Dos fotografías, la de Fernando Morroni y Roberto Facal. Y un recuerdo inolvidable de la solidaridad uruguaya con los exiliados vascos. Veinte años después, las imágenes de ambos jóvenes muertos por la represión a las puertas del Hospital Filtro de Montevideo, donde tres refugiados aguardaban su expulsión, siguen vivas. Uruguay y Euskal Herria volvieron a hermanarse en un emotivo acto en Donostia.

Ainara LERTXUNDI
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El 24 de agosto de 1994, Josu Goitia se encontraba en una de las habitaciones del Hospital Filtro de Montevideo junto a Jesús Mari Lizarralde y Mikel Ibañez. Desde su habitación vio cómo un policía uruguayo golpeaba a uno de los miles de manifestantes que exigían la paralización de la extradición de los tres exiliados vascos. Hasta que no fueron introducidos en un avión rumbo a Madrid no supieron de la muerte del joven uruguayo Fernando Morroni. Un agente de la Policía española fue quien les comunicó su fallecimiento. Veinte años después, Goitia, presente en el homenaje que ayer se celebró en Donostia con motivo del vigésimo aniversario de aquellos hechos, ve a Uruguay como a una segunda patria. No tiene palabras para agradecer la solidaridad que recibieron y siguen recibiendo los exiliados y se emociona al recordar el pasillo que médicos y enfermeras les hicieron mientras los sacaban en camilla del hospital uruguayo.

Sobre las 18.00 de aquel 24 de agosto, efectivos de la Policía uruguaya comenzaron a cargar contra las miles de personas se concentraban en los alrededores del centro médico. «De improviso comenzó una fuerte carga policial con agentes que disparaban fuego real, a quemarropa», relató en su momento el periodista uruguayo Raúl Zibechi, testigo de lo ocurrido. Fernando Morroni, uno de tantos solidarios que se encontraban en el lugar, recibió entre once y doce tiros. Posteriormente, mataron a Roberto Facal saliendo de su domicilio. La versión policial dijo que «fue víctima de un apuñalamiento por motivos pasionales». Falso. De hecho, la cámara con la que fotografió todo lo ocurrido en aquellos fatídicos días desapareció.

«No tengo palabras para describir lo que vivimos. Nunca pensamos que la represión alcanzara semejantes niveles. Desde la habitación del hospital veía golpear a los manifestantes, pero hasta que no nos subieron al avión no supimos de que había habido muertos. Aquello fue terrible», narra a GARA Josu Goitia. Veinte años después sigue recordando con emoción el pasillo que médicos y enfermeras les hicieron cantando el himno de Uruguay mientras se los llevaban en camilla hacia el aeropuerto.

En 2006 Goitia regresó por primera vez a Uruguay tras salir de prisión. Fue entonces cuando conoció a Norma Morroni, la madre de Fernando. «Recuerdo que primero estuvimos haciendo una entrevista de una hora de duración en la emisora CX26 Centenario y, después, me llevaron a su casa. El corazón me dio un vuelco. Norma es una persona muy especial. Me hizo un relato pormenorizado de lo ocurrido, aunque lo primero que me dijo al conocerme fue algo que me conmovió profundamente: `A mi hijo no lo mataron los vascos; lo mató la policía'», relata Goitia. Norma le quiso obsequiar con todo el material documental que había recopilado a lo largo de esos años; carpetas repletas de recuerdos, de recortes de periódicos... «Yo le dije que lo no podía aceptar. Que su lugar debía seguir siendo el mismo que había ocupado hasta ese momento», añade.

«Operación Lagarto»

La solidez de la solidaridad uruguaya se había tejiendo años atrás. El 15 de mayo de 1992, la Policía detuvo a una treintena de personas, en su mayoría exiliados vascos. El Estado español pidió la extradición de ocho -entre ellos Goitia, Lizarralde e Ibañez [fallecido en 2011]-, que en protesta emprendieron una huelga de hambre y de sed. «Desde el primer momento, la izquierda abertzale hizo un trabajo de fondo para contrarrestar la propaganda oficial. Además, el pueblo uruguayo tiene muy interiorizado el derecho al asilo. No podían comprender de ninguna de las formas que tres refugiados fueran a ser extraditados», subraya Goitia.

El también exiliado Josu Lariz fue otro de los detenidos en aquella macrorredada bautizada por fuentes policiales como «Operación Lagarto». La suya fue la primera sentencia del juicio de extradición, en el cual fue absuelto. «No solo no tiene nada que ver, sino que está específicamente excluido por cuanto todo delito contra la seguridad interior del Estado es hoy un clásico delito político», concluyó el juez Alfredo Tedeschi.

Años después, Lariz sería ilegalmente entregado a Argentina con fines de extradición, pero tras un periplo judicial allí fue nuevamente absuelto. Colectivos y organismos de derechos humanos uruguayos y argentinos defendieron una vez más el derecho al asilo.

«Creo que muchos factores confluyeron en el nivel represivo que se vivió en el Filtro. Por una parte, con las elecciones a la vuelta de la esquina, el Gobierno acaba de enfrentar una huelga general y la izquierda estaba ganando peso. Creo que con nuestra entrega y aquella represión quiso dar un escarmiento a su propio pueblo», considera Goitia.

«El colectivo de exiliados hemos sufrido en primera persona las dramáticas consecuencias del conflicto; deportaciones, euroordenes, expulsiones, confinaciones, muertes... pero también hemos vivido momentos reconfortantes como el apoyo de otros pueblos. El uruguayo nos demostró con hechos el verdadero significado de la palabra solidaridad, de esa que con tanta facilidad tendemos a pronunciar. Merece, por tanto, que giremos la mirada a ellos», subraya.

Un apoyo a Euskal Herria que llega hasta la actualidad. La portavoz de Sortu Amaia Izko recordó la declaración del llamado Encuentro Uruguay por la Paz en el País Vasco, celebrado en Montevideo a principios de junio. En un solemne acto celebrado en el Palacio Legislativo de aquella capital, los principales partidos políticos uruguayos, así como representantes del mundo de la cultura, la academia y el deporte dieron su apoyo a la hoja de ruta de Aiete.

Contrapuso el respaldo internacional al proceso unilateral abierto en Euskal Herria y a la labor del grupo de verificadores con «la no solución» que propugna el Estado español, «en cuyo ADN lleva inscrita la imposición y la negación.»

Izko abogó por impulsar «una vía vasca» a favor del derecho a decidir y por «presentar ante la sociedad vasca una oferta integral, progresiva, viable, positiva y, especialmente, dotada de un carácter democrático incuestionable, que sea capaz de arrastrar al país a una dinámica de construcción y suma de voluntades».

Norma Morroni: «Sigo pidiendo justicia; murió mi hijo, pero pudo ser cualquiera»

Norma Morroni, la madre de Fernando, quiso estar presente en el acto celebrado ayer en Donostia a través de una carta que leyó un prima del exiliado Josu Lariz. «Os envío un fuerte abrazo y saludo. Veinte años después sigo pidiendo justicia. De cuando estuve en Euskal Herria me traje muchos vuestros principios y el recuerdo de Blanca [Blanca Antepara, ya fallecida, a quien visitó en Urbina] me acompaña», explicaba. La breve misiva manda un abrazo «a los familiares de los detenidos por sus ideas políticas».

En la entrevista dada a GARA en 2009 cuando visitó por primera vez Euskal Herria, Morroni remarcó que la defensa del derecho de asilo era algo natural para los uruguayos. «Fueron vascos, pero podían haber sido de otros países, emigrantes... Y lo mismo pasa con Fernando: murió él, pero pudo ser cualquiera, porque tiraron a matar. Pero sí es cierto que nosotros mismos nos quedamos asombrados por lo que pasó y por cómo atacaron, a caballo, gritando, con todas sus fuerzas», recordaba. Cada año acude a la marcha que se celebra en Montevideo. En aquella ocasión confesaba que había viajado a Euskal Herria «con la condición de volver para el 24. «Si no voy a la marcha de mi hijo, de verdad me muero», indicaba.

«Para los exiliados que siguen en Uruguay son muy importantes estas fechas y actos como éste y ver las muestras de apoyo que se siguen dando. En el caso de Josu, las volvió a sentir cuando estuvo detenido en Argentina», señalaba a GARA ayer la prima del exiliado vasco, que, «ilusionado con el proceso abierto, ansía poder regresar a su tierra».

Junto a ella, al acto acudieron representantes de Sortu como Amaia Izko y Hasier Arraiz, el diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, la portavoz de la Diputación, Larraitz Ugarte, y otros representantes de la izquierda abertzale como Maribi Ugarteburu o Karmele Aierbe. A. L