Chantal VALERY

memoria desenterrada

Cincuenta años después de su cierre, el campo de Rivesaltes, en Catalunya Nord, es desde el viernes un museo-memorial que saca a la luz la historia enterrada de las miles de personas encerradas allí a mediados del siglo XX. «Es un caso único en Europa», explica Agnès Sajaloli, directora del memorial. «El mayor campo de concentración de Europa del oeste, que cubre tres guerras: una guerra civil, una guerra colonial y una guerra mundial». En el recinto militar de 600 hectáreas fueron confinados, a partir de 1941, miles de republicanos que huían de la dictadura franquista, judíos, gitanos, argelinos, prisioneros de guerra, personas consideradas «como potencialmente peligrosas. Su característica común: ser indeseables en el siglo XX», declara a AFP Alde- rahmen Mounen, coautor con Nicolas Lebour del libro ‘‘Rivesaltes, el campo de Francia’’.

El museo «mira al siglo XX desde la perspectiva del desplazado, del sufrimiento de los hombres», explica el realizador José Alcala. Y esa «memoria enterrada» es la que ha querido sacar a la luz el arquitecto del memorial, Rudy Ricci, con un monolito de hormigón que «pesa en la conciencia».