22/05/2019

Raimundo Fitero
La fórmula

Todavía no me he curado. Tengo una persistente tendencia a tragarme todos los actos parlamentarios que me ofrezcan por televisión y los sigo alternando canales, radios, mis otras pantallas de urgencias comunicativas y los ratos en los que me dedico a mirar a las musarañas porque son las únicas que acaban dándome las claves del presente imperfecto. El ritual se ha cumplido. Pero ahora se habla de detalles. De los saludos, abrazos, conversaciones entre los presos políticos catalanes con autoridades varias y la fórmula empleada por los diputados y diputadas de cada grupo para jurar o prometer, eso que juran o prometen, por imperativo legal, frase que me apunto a lo que dijo en su programa de televisión ese juez militante y crispador, Manuel Carmona, que aseguró que hasta él estaba allí por imperativo legal. Por ello pagamos impuestos. 

La sensación que transmite esta sesión inaugural de legislatura es que ver a los electos rodeados de discretos policías de paisano, saber que están controlados de manera constante, que su presencia puede haber acabado porque toda la maquinaria judicial tan politizada va a forzar que se les suspenda su acta, una decisión que seguramente se puede dilatar unos días hasta el próximo lunes, que es el día D, realmente, el momento algunas verdades. Por ejemplo, si la invisibilidad en esta sesión de Zipi Casado se convertirá en una ausencia voluntaria o una desaparición forzada por sus conmilitones. Lo del pistolero de Amurrio, ocupando lugares que históricamente han ocupado diputados del PSOE es otra fórmula de estos revoltosos indocumentados para hacerse notar. El grupo mixto promete. La paridad entre diputados y diputadas está cercana. La campaña sigue, todas las generalistas y autonómicas le han dado espacio y tertulias. Un síntoma. ¿De mejora o de empeoramiento de la vida política?