Arturo Puente
Periodista
JOPUNTUA

No culpen a Calviño

Pocas cosas le gustarían más a la vicepresidenta del Gobierno Nadia Calviño y a quienes la colocaron allí que convertirla en una especie de icono de las posiciones más centristas o austeras, o en la diana de todas las críticas por la falta de compromiso social de Moncloa. Al fin y al cabo, una figura de centinela económico como la suya sirve precisamente para eso, para absorber todas las responsabilidades de las políticas menos amables y salvar la cara al resto de ministros, que incluso pueden permitirse el lujo de abrir contra ella una pugna interna, sea real o escenificada.

Cualquiera sabe qué representa Calviño en el Gobierno de Sánchez, como se sabe cuál es el papel de Marlaska, cuál fue el de Borrell o cuál el de Alberto Garzón. La responsable de las finanzas españolas es una dirigente en total consonancia con las élites europeas y los intereses económicos del alto empresariado patrio, cuya misión es, de cara a fuera, enviar un mensaje claro de tranquilidad tanto a las instituciones comunitarias como a los socios del norte y, de puertas para adentro, controlar que por mucho proyecto social que exhiba el Gobierno, la llave de la caja siempre esté bien custodiada.

Pero si hay una Calviño sentada en un lugar preferente del Consejo de Ministros y una Calviño capaz de enmendar a golpe de llamada de la patronal un acuerdo político suscrito por tres formaciones en el Congreso, es porque hay un Gobierno que la colocó donde está. Y se puede ir más allá: porque se articuló una mayoría de izquierdas determinada para dar luz verde a aquella investidura con aquel programa.

¿Alguien se imagina una coalición de derechas en España que nombrara en la vicepresidencia económica a una ministra socialdemócrata, que se opusiera, por ejemplo, a una reforma laboral por ser demasiado despiadada con los trabajadores? Evidentemente no. Si ocurre lo contrario es porque el pacto de la investidura dio para lo que dio, porque al PSOE se le da mejor ser de izquierdas en tiempos de bonanza que en las crisis y porque las izquierdas más a la izquierda están haciendo cada una su guerrita. Así que no se escuden en Calviño.