EDITORIALA
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Imágenes caducas para un nuevo tiempo

Encabezada por la presidenta navarra, Yolanda Barcina, el ministro español del Interior, Jorge Fernández Díaz y con la participación de decenas de guardias civiles uniformados con tricornio incluido, la inauguración del nuevo cuartel del instituto militar en Fitero dejó imágenes que nos hacen retroceder en el tiempo por tratarse, en las formas y en el fondo, de una escena que no se ajusta en absoluto al contexto actual de este país. Fue un episodio grotesco que el ministro tildó de «histórico», aunque más bien pareció prehistórico. Pasados ya tres años del cese definitivo de la actividad armada de ETA, el alarde de militarismo que nos regalaron los dirigentes de UPN y PP, y sus acharolados acompañantes, dice mucho sobre su verdadero carácter.

La reinstauración de un nuevo cuartel para uso y disfrute del cuerpo armado en la localidad navarra, 25 años después de que el anterior acuartelamiento fuera cerrado por inoperativo, solo se explica en la voluntad impositiva de sus promotores, que han hecho caso omiso al objeto oficial que debería habérsele dado a ese inmueble. ¿A qué responde la inversión pública en una infraestructura innecesaria? Más aún en un escenario al que en pura lógica deberían acompañar movimientos en sentido diametralmente opuesto, de repliegue y desmilitarización de nuestras calles. En la entrevista con Brian Currin que ayer recogía este diario, el mediador internacional hacía referencia a la hostilidad y falta de compromiso del Ejecutivo español para con la resolución del conflicto. Una obstinación más que conocida para pueblo vasco y que representaciones como la de Fitero vienen a ratificar.

A falta de razones merecedoras de tal nombre, el PP, con UPN en su regazo, insiste en hacer alarde de obstinación y en constatar lo ajena que le resulta la voluntad de los ciudadanos de esta tierra. Su actitud es denostable y vuelve a situar a la ciudadanía ante el reto que enfrenta en el camino hacia la normalización. Frente a imágenes caducas, al bloqueo y a la negación como pueblo, los esfuerzos habrán de dirigirse a construir no nuevos cuarteles sino nuevos escenarios.