El sustrato que ahoga al roble de las libertades IKUSMIRA
El roble de Gernika ha ido perdiendo con el paso del tiempo aquel aire legendario con el que algunos han tratado de adornar la triste realidad pretérita y actual. No es para menos, ya que el último ha durado plantado dos escasos lustros ante la tribuna juradera de la villa foral y de ese modo es fácil perder la categoría de tótem. He de decir que el boato organizado en torno a la plantación del nuevo árbol en la Casa de Juntas ha servido para dejar al descubierto en manos de quiénes estamos desde hace décadas, ni capaces son de cuidar a un árbol.
Tras el folclorismo, acompañado por una escueta lección de técnicas agrónomas más propia de un curso por correspondencia, de todo lo relacionado con el Árbol de Gernika se puede descubrir una bonita metáfora relacionada con los derechos históricos y el discurso de quienes se sienten cómodos en el pacto con aquellos que se niegan a que vascas y vascos ejerzamos nuestros derechos con el límite que fije nuestra propia voluntad.
El roble se secó y, según los expertos, la razón no fue otra que el sustrato en que se hundían sus raíces lo fue ahogando por muchos cuidados que los técnicos le fueron aplicando. Ahora, con una pequeña reformita y un cambio del sustrato en que hunde sus raíces, los mismos a los que se les marchitó el anterior nos aseguran que el sucesor tendrá mejor futuro en tan emblemático espacio y que la savia joven del roble quinceañero hará que sea durante décadas icono venerado.
Algo parecido que al Árbol nos sucede a vascas y vascos. Queremos desarrollarnos, pero el sustrato del que disponemos nos ahoga y quienes nos gobiernan no hacen lo posible por habilitar los medios para que ejerzamos nuestros derechos básicos frente a las imposiciones de Madrid y París. Al roble no le queda otra que extender las raíces para buscar aquella tierra que le aporte lo necesario para su desarrollo; a nosotros, buscar nuestros propios medios para lograr nuestra libertad plena porque nadie nos la va a regalar.

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