
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, describió la primera ronda de conversaciones con Estados Unidos en Omán como «un buen comienzo» y aseguró que continuaría las negociaciones a pesar de la permanente amenaza militar a la que Washington añadió ayer nuevas sanciones nada más salir de la reunión.
Araqchi habló de un «ambiente positivo» en las conversaciones con el enviado del presidente estadounidense a Oriente Medio, Steve Witkoff, y el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, un encuentro en el que «intercambiamos ideas y nos presentaron las opiniones de la otra parte».
El intercambio de mensajes se produjo de forma indirecta, a través del ministro de Exteriores omaní, Badr bin Hamad al Busaidi.
El ministro iraní insistió en que las conversaciones se centraron exclusivamente en la cuestión nuclear, como exigió Teherán. «No estamos tratando ningún otro tema con los estadounidenses», afirmó.
Washington reclama que también se aborde su programa de misiles balísticos y sus relaciones con otros actores regionales.
Por encima del «ambiente positivo», el encuentro estuvo presidido por una profunda desconfianza.
Durante las últimas conversaciones, en junio de 2025, EEUU bombardeó varias instalaciones nucleares iraníes la víspera de uno de los encuentros, previsto también en Omán, al sumarse a la guerra de 12 días desencadenada por un ataque israelí a Irán.
Si este precedente ya era motivo de alerta en Teherán, Washington ha desplegado el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate –tres destructores lanzamisiles– cerca de aguas iraníes en el golfo Pérsico, dispuesto a comenzar un ataque.
Araqchi añadió que ambas partes acordaron continuar las negociaciones, pero que las modalidades y el calendario se decidirían más adelante. «Los próximos pasos dependerán de las consultas con nuestras capitales», declaró.
Tras «ocho turbulentos meses, la desconfianza es un obstáculo en las negociaciones», reconoció el ministro, aunque mantuvo que «si Estados Unidos continua con este enfoque podemos llegar a la formación de un marco de negociaciones en las próximas conversaciones». Eso sí, estableció que la «condición para cualquier diálogo es abstenerse de amenazas y presiones».
Nuevas sanciones
Pero antes incluso de hacer una valoración sobre las conversaciones, el Gobierno estadounidense desafiaba a la otra parte al aprobar nuevas sanciones contra dos personas y una quincena de entidades iraníes. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro actualizó su «lista de personas especialmente designadas» también a 14 buques de lo que denomina «flota fantasma« del país.
El Departamento de Estado argumentó que están relacionados con «el comercio ilícito de crudo y productos derivados del petróleo iraní» por considerar que han contribuido a generar«ganancias que el régimen utiliza para llevar a cabo actividades malignas».
«En vez de invertir este dinero en el bienestar de su propio pueblo y en mejorar una infraestructura que se cae a pedazos, el régimen iraní sigue financiando actividades de desestabilización en todo el mundo y sigue aumentando la represión dentro del país», sostuvo.
Asimismo, confesó su intención de seguir esta presión «mientras continúen los intentos del régimen iraní de evadir las sanciones y generar ganancias a través de productos petroquímicos para financiar este comportamiento represivo y apoyar actividades terroristas».
«El presidente (Donald Trump) se compromete a reducir las exportaciones de crudo y productos derivados del petróleo por parte de Irán con una campaña de máxima presión», zanjó.
En el encuentro de Omán también participó el almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de EEUU (Centcom), una señal del uso de la amenaza militar en el diálogo, pero que también puede apuntar a una especie de garantía de distensión, según estiman algunos analistas.
Teherán está «listo para defender su soberanía y seguridad nacional (...) contra cualquier exigencia excesiva o aventurerismo», advirtió Araqchi durante un encuentro con su homólogo omaní previo a la negociación.
Trump había prologado la reunión de Omán con una amenaza directa al líder supremo iraní, Ali Jamenei, advirtiéndole de que «debería tener cuidado».
Ante las amenazas de Washington, Teherán reiteró que tomaría represalias contra las bases estadounidenses en la región en caso de un ataque. «Le corresponde al presidente estadounidense elegir entre el acuerdo o la guerra», declaró el jueves el portavoz del Ejército, el general Mohammad Akramnia, advirtiendo que Irán tiene fácil acceso a las bases de EEUU en el Golfo.
En la «guerra de los 12 días», Teherán bombardeó la base de EEUU en Qatar, la mayor en Oriente Medio, aunque limitando la envergadura del ataque. Ahora afirma que no habría contención.

Con todo, parece complicado encontrar áreas comunes donde avanzar en la negociación. Irán insiste en que no tiene intención de hacerse con armamento nuclear, pero defiende su derecho a enriquecer uranio, mientras Estados Unidos, además de querer hablar también del programa de misiles balísticos y las alianzas exteriores de Teherán, exige al régimen «cero capacidad nuclear».
La Casa Blanca hizo hincapié el jueves en esta condición, enfatizando que Trump comanda «el ejército más poderoso de la historia. El presidente de EEUU aseguró en junio que los ataques estadounidenses habían aniquilado el programa nuclear iraní, pero se desconoce el alcance exacto de los daños.
En su amenaza, Washington utiliza, además, el reciente movimiento de protestas cuya represión ha causado miles de muertos, en medio de una grave crisis económica.
Teherán reconoce 3.117 fallecidos, pero organizaciones opositoras elevan la cifra a 11.000 o incluso 20.000, según las fuentes.
Washington aconseja salir de Irán «ahora»
Poco antes de que comenzaran en Omán las negociaciones con Teherán, las autoridades de Estados Unidos pidieron a sus ciudadanos residentes en Irán que salgan del país «ahora» o que, en su defecto, busquen refugio ante una posible reacción a la escalada del conflicto.
«Salga de Irán ahora. Tenga un plan para salir de Irán que no dependa de la ayuda del Gobierno estadounidense», reza la alerta difundida por la Embajada virtual de Estados Unidos en Irán, en la que, además, invita a sus nacionales a preparar planes de evacuación y refugio, evitar las manifestaciones y mantener un «perfil bajo».
La advertencia, que aplica a todo el territorio iraní, alega que Teherán podría acudir al cierre de carreteras, interrupciones en el transporte público y el bloqueo del acceso a redes móviles e internet.
Las autoridades estadounidenses afirman que «es posible que se produzcan cancelaciones e interrupciones de vuelos con poca antelación» y recordaron que «los ciudadanos estadounidenses corren un riesgo significativo de ser interrogados, arrestados y detenidos en Irán» a su llegada a los puestos de control de los aeropuertos.
Por ello, insistió en que los ciudadanos de Estados Unidos opten por abandonar el país a través de los distintos cruces fronterizos con Armenia y Turquía, no así con los pasos a Turkmenistán, donde los ciudadanos estadounidenses requieren de un permiso especial de las autoridades, ni de Azerbaiyán, que tiene cerrado el paso al tráfico regular.
La población iraní, mientras tanto, espera ansiosa algún resultado de las negociaciones que permita levantar las sanciones y recuperar la maltrecha economía pero, sobre todo, con el temor a una guerra y el deseo de impedirla, una presión constante que han padecido durante casi medio siglo, bajo la amenaza de Israel o de Estados Unidos.

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