A la sombra de Sabrina Ionescu, el basket femenino prepara sus próximas estrellas
El duelo entre Stephen Curry y Sabrina Ionescu fue el evento más seguido del Fin de Semana de las Estrellas de la NBA. Ante la pronta retirada de Diana Taurasi, jóvenes universitarias como Caitlin Clark, Angel Reese o Paige Bueckers llaman la atención desde antes de saltar al basket profesional.
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Hace ya tiempo el gran maestro Xabier Añua recordaba sus años trabajando en Nueva York con los Knicks. Entre sus notas, aún guardaba algunas valoraciones de la preselección estadounidense para Roma 1960 y destacaba un comentario conciso y elocuente sobre un base. «¡Es un fenómeno!» Aquel «fenómeno» era nada menos que Oscar Robertson, el primer jugador en la historia de la NBA en la que, cuando aún no existían los triples, promedió un triple doble, aparte de ganar el anillo de 1971 con los Milwaukee Bucks junto con Lew Alcindor –más tarde Kareem Abdul-Jabbar–, aparte del oro olímpico de roma 1960.
De haber necesitado mercantilizar sus recuerdos, Xabier Añua hubiera podido extender sus notas sobre «Big O» y venderlas a coleccionistas sobre estas rarezas por el precio que él quisiera, en buena medida porque tendrían la base del conocimiento de primera mano del nacimiento de una estrella de nivel histórico.
Muchos años después, el propio Xabier Añua variaba su foco hacia la valoración de las selecciones femeninas de los Estados Unidos, todavía más dominantes que los hombres en competiciones internacionales, haciendo hincapié su tremendo dominio técnico y conocimiento de juego. En una NCAA masculina en la que los programas de «One & Done» cada vez son menos raros; es decir, formar al jugador un solo año hasta que cumpla los 19 y tenga así la edad mínima para presentarse al draft de la NBA, los programas universitarios femeninos acostumbran a completar por entero esos ciclos. Así, estrellas como Maya Moore, Brit Griner, Breanna Stewart o Sabrina Ionescu han completado su ciclo universitario para pulir su talento de programas de entrenamiento para poder saltar al basket profesional en las mejores condiciones.
Esa mejoría también afecta a jugadoras no tan mediáticas a nivel mundial, pero con un eco apreciable entre nosotros. El entrenador del equipo femenino de Basket Zaragoza, Carlos Cantero, subrayaba «el buen trabajo» realizado por Georgia Tech con la gasteiztarra Nerea Hermosa, que en su primera campaña en el basket profesional con el cuadro maño está rindiendo a mayior nivel del que pudiera esperarse para una novata en la Liga Femenina. La gernikarra Ane Olaeta está asentada en Lugo después de completar un ciclo universitario exitoso en la NCAA.
Esta larga entrada para hablar de dos o tres estrellas de la NCAA femenina que están llamadas a dominar el baloncesto a nivel mundial en los próximos años. El cara a cara a golpe de triple entre Stephen Curry y Sabrina Ionescu no solo dejó el triunfo del base de los Warriors y la admiración por la base de las Liberty, sino que además fue el evento con mejor audiencia de todo el Fin de Semana de las Estrellas de Indianápolis, con 5,4 millones de espectadores por los 4,6 millones del Partido de las Estrellas.
Stephen Curry tuvo que sacar lo mejor de su talento para derrotar a otra cañonera como Ionescu que no tuvo mayor «ventaja» que emplear un balón más pequeño –es decir, el balón habitual que se emplea en la WNBA o en cualquier torneo de basket femenino a nivel mundial–, lo que en rigor «facilita» poder encestar, pero al mismo tiempo, la distancia NBA del triple es superior a la de la WNBA; es decir, lo comido por lo servido. El registro de Sabrina Ionescu fue tan bueno que igualó con el de Damian Lillard en la final para volver a ser ganador del concurso de triples «oficial» del Fin de Semana de las Estrellas. Por tanto, que la jugadora de las Liberty de Nueva York fuera probablemente la estrella más rutilante en Indianapolis, o a la par de Stephen Curry, muy por encima del decepcionante duelo –ya es casi una costumbre– del Este contra el Oeste del domingo indica la proporción del salto adelante que se empieza a gestar en el basket femenino.
Otras precursoras
Precursoras siempre hubo, afortunadamente. Alessandro Ruta recordaba en NAIZ la historia de Ann Meyers, la mujer que rozó la NBA con el corolario nada menos que de Bill Russell. «Ann está entre los mejores de la historia, y no digo hombres o mujeres, digo en general». Pero esa historia pasa de puntillas cómo el seleccionado norteamericano no pudo ganar el oro en Montreal 1976 con la Unión Soviética liderada por la gigante letona de 2,13 metros Uliana Semenova, un reinado de «el otro lado del Telón de Acero» que duró hasta Barcelona 1992.
Aquella Confederación de Estados Independientes que siguió a la etapa transitoria del desplome de la URSS a la independencia de varios de los países que la conformaban, liderada por Natalia Zasulskaia o la gran Elene Tornikidou, se impuso a China en la final, después de superar a los Estados Unidos de otras leyendas como Theresa Weatherspoon o Cynthia Cooper.
En adelante, las estadounidenses han mandado con puño de hierro con una última excepción como fue su derrota en las semifinales del Mundial de Brasil 2006 ante la Rusia de Maria Stepanova o Ilona Korstin –actual directora adjunta de la Liga VTB de su país–, una Rusia que caería en la final ante la Australia de Lauren Jackson, recientemente retirada a sus 41 años tras ayudar a las «Opals» en el reciente Preolímpico a clasificarse a los Juegos de París.
Nombres y hechos
Pero nadie duda de que el epicentro del baloncesto femenino mundial está en los Estados Unidos. De hecho, las gradas durante los partidos del «March Madness» del torneo femenino no tienen nada que envidiar a los del masculino y varias de las principales estrellas del futuro están provocando un eco sin precedentes en estos momentos.

La más clara es Caitlin Clark, que hace escasos días superaba a Kelsey Plum como máxima anotadora en la historia de la NCAA femenina. No ahora, sino 11 meses atrás, el bueno de Stephen Curry hablaba de la escolta de la Universidad de Iowa en estos términos. «Si tiras como lo hace ella, no existe el concepto de ‘mal tiro’». Los vídeos «hagiográficos» sobre Clark hablan que su padre la acompañaba durante cuatro horas de carretera para poder ver a su ídolo, la gran Maya Moore, cuando jugaba con Minnesota y que su carrera nace de la «inspiración» que le produjo otra nombre entre las mejores de la historia.
Lo cierto es que, inspirada o no, Caitlin Clark promedia casi un triple doble, con más de 5 rebotes y 11 asistencias a los más de 30 puntos por encuentro que suele anotar. Y por más que arrimarse al sol que más calienta sea moneda común en el deporte de élite para conseguir «inspiración» o una foto de la estrella de turno, lo cierto es que la magia de Caitlin Clark, la facilidad con la que se levanta desde ocho metros o más para anotar triples como si fueran bandejas, da miedo.
Y sin embargo, el último vencedor del torneo NCAA femenino fue la Universidad Estatal de Luisiana, LSU, con otra estrella en ciernes tapándole el camino con el 102-85 de la final. Esa estrella es Angel Reese, una ala-pívot de 1,90 metros nacida en Baltimore y que, en vista de lo que serie como «The Wire» nos enseñan, lleva la calle en sus venas. Su pique con Caitlin Clark en las pasadas finales universitarias fueron de cuidado, llevando Reese al título a su equipo con promedio de 23 puntos y 15 rebotes.

En cierta medida, le ha tocado asumir el papel de «malota», por su feroz competitividad, por cómo se faja en defensa y por cómo lo mismo se «burla» de un rostro angelical como Caitlin Clark en la final de la NCAA que poco después, posa en bañador para una revista del prestigio de Sports Ilustrated, dando a entender un carácter capaz de afrontar cualquier reto sin miedo al escrutinio público.
«Angel Reese está combatiendo la doble moral en los deportes, especialmente para las mujeres. Se está haciendo un nombre como una competidora feroz y una defensora del crecimiento del baloncesto femenino. Su intensidad, impulso y pasión por ser ella misma sin pedir disculpas y defender lo que cree está ayudando a hacer avanzar a las mujeres en el deporte y está liberando a la próxima generación para que se sienta vista y escuchada», explicó MJ Day, editor jefe del Swimsuit Issue –sección de Sports Ilustrated–.
La base de las míticas Huskies de UConn –Connecticut– Paige Bueckers cierra el grupo de estrellas del futuro. En su caso, ni las marcas ni los piques, sino las lesiones han marcado su camino, con una rotura del cruzado en 2022 que ha marcado su carrera universitaria, luego de haber firmado contratos publicitarios altísimos con distintas firmas –porque huelga decir que el basket universitario es amateur–. Tuvieron que pasar 369 días hasta que en agosto de 2023 recibiera el alta médica.
«Es todo tan loco porque trabajas muy duro para volver a estar sana, te sientes más fuerte que nunca y estás jugando tu mejor baloncesto y con un movimiento repentino todo cambia», escribió la jugadora en su cuenta de Instagram.

La temporada 2023/24 debía ser su última en UConn antes de dar el salto a la WNBA, y promediando 20,1 puntos por partido, es obvio que la estrella de las Huskies ha regresado con mucha fuerza de su gravísima lesión. No obstante, Bueckers ha declarado recientemente que completará su ciclo universitario con el quinto año adicional.
No son las únicas ni son las últimas, pero lo que queda claro es que el basket femenino está labrando sus propios referentes, en una carrera todavía larga, pero cada vez más esperanzadora y con rostros y nombres propios cada vez más reconocibles.