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Twitter, algoritmos y la batalla de Musk para controlar qué pensamos

Musk repite la labor realizada por Trump en Twitter, a lo que debe sumar el control que tiene ahora sobre lo que se publica. «Está usando su poderosa cuenta, con sus 120 millones de seguidores, para controlar el flujo de información y así controlar nuestros cerebros», señala George Lakoff.

Elon Musk, en una imagen de archivo.
Elon Musk, en una imagen de archivo. (Angela WEISS | AFP)

El investigador estadounidense de lingüística cognitiva George Lakoff ha analizado el uso que hace el magnate Elon Musk de Twitter, empresa que adquirió por completo en octubre. «Al igual que Trump, Musk ha convertido los tuits en armas para la guerra de la información», señala Lakoff.

Este investigador equipara la estrategia del dueño de la red social a la del expresidente estadounidense. «Al igual que Donald Trump antes que él, Elon Musk usa Twitter para controlar nuestros cerebros y mantener nuestra atención enfocada en sus travesuras».

Sin embargo, estas travesuras no las entiende como «algo inofensivo», sino una forma de actuar muy pensada. «Tiene la misión de cambiar el discurso político hacia el conservadurismo radical en toda su toxicidad».

Musk repetiría paso por paso la labor realizada por Trump, a lo que se debe sumar el control que tiene ahora sobre lo que se publica en Twitter. Para ello, apunta a «cuatro tácticas básicas». «Usa Twitter para enmarcar los problemas a su favor siendo el primero en enfocarlos», así como para «desviarse de los problemas reales y llamar la atención sobre información falsa y engañosa». A cada información en su contra responde con un bulo que neutraliza el efecto de la primera.

De este modo, logra «desviar los ataques y cambiar la dirección de una conversación», subraya Lakoff. «Por ejemplo, Musk ha insinuado recientemente que sus predecesores en Twitter pueden haber habilitado a los pedófilos cuando, en realidad, es Musk quien destripó al equipo encargado de proteger la seguridad de los niños», señala.

También son numerosos los globos sonda para testar la opinión del público. Así lo hizo, por ejemplo, a la hora de devolverle la cuenta de Twitter al propio Trump, siempre bajo la bandera de la «libertad de expresión».

Periodistas suspendidos

Ese trabajo abanderando la lucha por la libertad de expresión, sin embargo, choca con el cierre de las cuentas de numerosos periodistas que han puesto en entredicho la labor de Musk. Algunos de ellos se recogen en este hilo de Twitter.

 

Periodistas de ‘The Washington Post’, ‘The New York Times’, CNN o ‘Voice of America’, entre otros medios, han visto en los últimos días cómo Twitter les ha suspendido la cuenta. Un mensaje les advertía de que «violaban las reglas» de la red social. Sin embargo, coincide que todos ellos son periodistas que cubren la figura de Musk.

En total, más de 25 periodistas que se dedicaban a rastrear los viajes en jets privados de agencias gubernamentales, multimillonarios e individuos de alto perfil, entre ellos el propio Elon Musk.

El dueño de la red social publicó este jueves un mensaje en Twitter sobre la suspensión de las cuentas: «Criticarme todo el día no supone ningún problema, pero revelar mi ubicación en tiempo real y poner en peligro a mi familia sí».

Después, puso en marcha la estrategia citada anteriormente: hizo una encuesta en Twitter cuyo enunciado era ‘Cancelar la suspensión de las cuentas que duplicaron mi ubicación exacta en tiempo real’, para a continuación afirmar: «¡Si alguien publicara ubicaciones y direcciones en tiempo real de los reporteros del NYT, el FBI estaría investigando, habría audiencias en Capitol Hill y Biden daría discursos sobre el fin de la democracia!».

«Está usando su poderosa cuenta, con sus 120 millones de seguidores, para controlar el flujo de información y así controlar nuestros cerebros. Quiere influir en el discurso asegurando la repetición constante de mensajes conservadores extremos, y destacando y posicionando a los comentaristas conservadores que eran marginales, incluidos los neonazis reales, para darles una ventaja», señala Lakoff.