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Un estudio afirma que desactivar los perfiles tóxicos reduce el discurso de odio en redes

El estudio ‘Disrupting hate: The effect of deplatforming hate organizations on their online audience’ ha identificado las medidas que disminuyen la difusión de discursos de odio en redes. Evitar la interacción con los perfiles tóxicos o denunciar son medidas útiles.

Durante la pandemia, la gente utilizó las redes sociales de forma agresiva para promover discrusos de odio.
Durante la pandemia, la gente utilizó las redes sociales de forma agresiva para promover discrusos de odio. (Kar-Tr | GETTY IMAGES)

Las investigadoras de Meta, empresa matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram, Laila A. Wahedi y Daniel Robert Thomas, han llevado a cabo recientemente el estudio ‘Disrupting hate: The effect of deplatforming hate organizations on their online audience’ publicado en la revista científica ‘PNAS’, el cual clarifica algo que ya apuntaban investigaciones anteriores: expulsar de las redes a los llamados líderes tóxicos es eficaz para disminuir la difusión de discursos de odio.

El personal investigador identificó a los perfiles más activos dentro de seis comunidades que movían a 26.000 usuarios de redes. Dichos perfiles, los denominados líderes tóxicos, fueron expulsados de las comunidades.

Wahedi y Thomas encontraron tres conclusiones «destacables»: una, que tras la expulsión los usuarios veían, de promedio, casi la mitad de contenido de odio por día que antes de la expulsión; en segundo lugar, que el subgrupo menos afín a estos líderes tóxicos pasó enseguida a recibir contenido más saludable y a consumir menos odio, mientras que los más implicados reaccionaron negativamente y aumentaron este consumo negativo a corto plazo, pero empezó a decaer en solo dos meses. La tercera conclusión es que, de promedio, los usuarios redujeron su consumo total de contenido, en torno a un 10%.

«Debemos defender la libertad de expresión siempre y cuando no atente contra la dignidad de nadie», explica Dolors Reig, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

El cambio de paradigma comunicativo que han supuesto las redes sociales «nos ha convertido a todos en micromedios» que nos facultan para trasladar nuestro mensaje a las multitudes. «Las redes sociales son una herramienta potentísima para el cambio social, pero también lo son para la difusión de discursos de odio», añade.

La pandemia como impulsora de los discursos de odio

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, le puso fecha al estallido del discurso de odio: la pandemia del covid-19. Así lo reflejaba en una carta de 2020, donde hacía un llamamiento a todos los agentes sociales y políticos para detener esta «oleada de odio y xenofobia». «El sentimiento antiextranjero ha aumentado en internet y en las calles», decía.

En aquel momento, la gente empleó las redes sociales «de forma intensiva para informarse y relacionarse, una conducta que se vio potenciada por el propio confinamiento: las plataformas sociales se presentaban como ventanas de conexión con el mundo exterior», comenta Silvia Martínez, directora del máster universitario de Social Media: Gestión y Estrategia de la UOC, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC e investigadora del grupo GAME.

Martínez habla de dinámicas de funcionamiento y conversación de ciertas redes sociales como palanca que mueve estos mensajes: «La inmediatez y el mensaje breve favorecen la difusión de contenidos más viscerales que racionales y argumentados. La reflexión y el análisis ceden terreno frente a la reacción automática». También añade otro factor que interviene en la proliferación: las interacciones, la viralidad.

Reig suma a estas causas la proliferación de partidos de ultraderecha en todo el mundo y la circulación de información «distorsionada o directamente falsa» que se propaga en estas plataformas. «Las redes sociales se han vuelto instrumentos de propaganda», afirma.

Perfil de la víctima del discurso de odio

El último Informe sobre la evolución de los delitos de odio en el Estado español, emitido por el Ministerio de Interior, refleja que los tres objetos principales de los delitos de odio son, por este orden, los de enfrentamiento ideológico (34,9 %), los vinculados al racismo y la xenofobia (30,2 %) y los que atentan contra la orientación sexual o la identidad de género (16,3 %).

«Los partidos con ideologías más extremas están promoviendo estos discursos de odio», indica Reig.

El Observatorio Español contra el Racismo y la Xenofobia (Oberaxe), en su memorándum explicativo, enumera los rasgos en los que incide el discurso del odio en su recomendación de política general n.º 15: racismo, discriminación racial, discriminación basada en el género, sexismo, homofobia, transfobia, xenofobia, antisemitismo, islamofobia y discriminación contra las personas gitanas, además de varios delitos que incluyen el genocidio o la trivialización de este tipo de delitos.

Aprender a combatir los discursos de odio en las redes

El estudio presentado por Laila A. Wahedi y Daniel Robert Thomas abre una puerta a los responsables de las redes sociales para tomar medidas al respecto. «Idealmente, las medidas deberían focalizarse en que no se produjera ese discurso», explica Martínez, «pero, una vez iniciado, lo fundamental es no alimentarlo al comentarlo o compartirlo, pues esto es un modo de reacción y, como señalaba antes, los algoritmos suelen dar más visibilidad a los contenidos que generan interacciones».

Además, esa mayor visibilidad hace «más fácil que se produzcan nuevas reacciones, que normalmente suelen ser viscerales y con mensajes cada vez más polarizados». Para Dolors Reig, es vital formar en el uso de las redes e informar.

Finalmente, denunciar es otra opción para frenar estos perfiles tóxicos. «El usuario debe conocer las opciones y vías para denunciar esos contenidos y ponerlos en conocimiento de las propias plataformas, que pueden intervenir eliminando contenidos y suspendiendo perfiles e, incluso, en caso de que haya podido incurrirse en un delito de odio, ponerlo en conocimiento de la policía o la guardia civil», incide Martínez.

Frenarlos evita consecuencias peores: «Esto es el posdigitalismo», explica Dolors Reig. «Estamos en una sociedad en la que lo digital influye en lo real. Los mensajes de odio llevan a la gente a suicidarse».