Sostiene Yayo
Sostiene la antropóloga Yayo Herrero, como sostenía Pereira, que demasiado a menudo nos olvidamos de nuestra fragilidad constituyente y de nuestra doble condición de ecodependientes e interdependientes. Dependemos de los ecosistemas para sobrevivir y dependemos los unos de los otros para vivir en común. Sugiere Yayo, hace mucho, muchas más cosas, con emancipadora lucidez: que en ausencia de responsabilidad, se nos extravía la esperanza; que cuando perdemos la memoria, se esfuma la imaginación; que sin límites, las matemáticas desaparecen; que si no media el miedo, dónde queda entonces el valor; y que, sin sentido de gravedad, adiós imprescindibles equilibrios. Y que el resto mayor -esa receta hiperindividualista, ultranarcisista y extraegocéntrica; de cada una contra todos; que nos dan cada día para desayunar como aceite de ricino capitalista- es pura fábula neoliberal de la que solo van quedando -y quedarán- ruinas, despojos y depresiones. Mientras nos venden humo en medio del incendio.
Sostiene Yayo, como sostenía Tabuchi desmontando dictaduras, que las mutaciones y aceleraciones del capitalismo global le han declarado la guerra a la vida en todos los frentes, en abierta deriva autoritaria y en formato licuadora que todo lo devasta. Añade, con revolucionaria lentitud y amabilidad contagiosa, que a ver si va a resultar que vivir con decencia ya es -hoy, ahora, aquí- lo más anticapitalista que podemos hacer y que está todavía en nuestras manos. Y que no hay más gure territorio libre bakarra que nuestra otra vida cotidiana y nuestras luchas compartidas.
Sostiene Yayo, voz, eco y zurrón de todos los ecofeminismos plurales y diversos, que en realidad feminismo y ecología van siempre de la mano, entrelazados y retroalimentados, porque ambas son prácticas sensatas, libres y transformadoras que abordan sin tapujos los límites de nuestra existencia -los límites biofísicos ante la salvaje depredación económica, los límites vitales ante la brutal dominación patriarcal-. Si el capitalismo sin bozal ya no es más que una revolución permanente contra todos los límites, no hay más alternativa que ser dique -de contención, primero; de reparación, durante; de reconstrucción, después-. Contra todo ello, sostiene Yayo que, como el colesterol en el metabolismo humano, pues hay pesimismo del bueno y haylo también del más pésimo. El bueno -como el miedo, como la esperanza- nos activa y moviliza; el malo nos carcome y paraliza -cuando no hacer nada ya sabemos que sirve exactamente para eso, para nada-. Incluso diría que, entre líneas, la buena de Yayo -“Metamorfosis. Por una revolución antropológica” (Arcadia, 2025)- nos recuerda, en tiempos de despistes y confusiones que pueden salirnos carísimos, que la forma más eficaz -y más cotidiana y más humana- de procurar las vidas pivota siempre en sostener cada resistencia -a la nada- que somos. Y eso no es poco -es casi todo-.

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