De lo íntimo y lo colectivo

Quizás una de las potencias del arte sea la capacidad de proponer, desde lugares pequeños, cuestiones que atañen o interpelan a un gran número de personas. Partir de lo personal como potencia política es un principio básico de aquellos proyectos sociales que pretenden cambiar la manera de ver y habitar el mundo. En cierto modo, la cultura se inserta de lleno en estas grietas. Toda producción cultural que huya de lo meramente contemplativo y del entretenimiento estéril es una manera de lanzar al exterior alternativas a una vida regida por los relatos dominantes. Pero, llegados a este punto, conviene recordar aquella famosa frase atribuida al director de cine Jean Luc Godard, en la que diferenciaba entre hacer cine político y hacer cine políticamente. Una manera de señalar que el verdadero motor del cambio no se encuentra únicamente en los contenidos o en lo que se dice, más bien en las formas de hacerlo y en cómo nos comportamos. Lo íntimo y lo colectivo son conceptos que se acercan y se alejan, se tocan y se distancian. Es un binomio que se entrelaza y se transforma en algo unido pero que necesita de su particularidad para dar sentido.
En estos últimos días de julio, aún tenemos la oportunidad de acercarnos a una exposición muy especial. La Galería Lumbreras de Bilbo inauguró a mediados de junio una muestra dedicada al desaparecido pintor gasteiztarra Santos Iñurrieta (Gasteiz, 1950-Mallorca, 2023). Entra en la recta final un proyecto expositivo que ha formado parte de una serie de capítulos dedicados a uno de los creadores más relevantes de su generación y un nombre destacado del arte en Euskal Herria a finales del S.XX. Junto a esta muestra, se ha presentado en Gasteiz un libro y un documental en torno a su figura como homenaje tras su triste fallecimiento a causa de una enfermedad. Iñurrieta fue un artista comprometido con su tiempo y con la reivindicación de la cultura. Su desarrollo artístico en Gasteiz le llevó a formar parte de varios colectivos e incluso a realizar acciones políticas a favor de los artistas jóvenes que le valieron ciertos problemas con la justicia y el apoyo público de personas como Jorge Oteiza. De nuevo, partir desde lo personal para alcanzar lo colectivo.
“Paisajes para paseos personales” muestra más de cincuenta obras nunca antes expuestas y creadas en Mallorca, destino del que quedó prendado y que fue su hogar desde principios de los noventa. Piezas tanto de pequeño como de gran y mediano formato habitan ambas salas de la galería. El habitual uso del color de Iñurrieta sirve para presentarnos una serie de telas de clara alusión paisajística pero que tiende a perderse entre la abstracción y lo cromático. Algunas se organizan por series, como si fueran fotogramas de una narración. Otras se expanden inmensas como imponentes muestras de vegetación y naturaleza. Recomendable no perdérsela.





