Continúa la desigualdad de género en salud
La desigualdad de género en salud vuelve a ser noticia y en ello incide la dietista-nutricionista de 7K, que ya había abordado el tema con anterioridad, cuestionando las diferencias entre hombres y mujeres y unos protocolos de detección basados en hombres, incluso con la menopausia.

Confieso que me da vergüenza escribir acerca de esto; corresponde mitad a vergüenza profesional y la otra mitad a vergüenza ajena. Y es que una sociedad o agencia científica estatal publique indicaciones y recomendaciones alimentarias para mujeres en menopausia con datos obtenidos en hombres es, sin lugar a dudas, lo más lamentable y bochornoso de la ciencia estatal.
Sin embargo, esto no es nuevo y ya hemos repasado en esta sección el sesgo de género tan atroz que atraviesa la investigación y, por tanto, la práctica clínica a lo largo y ancho del mundo.
Concretamente, lo que ha ocurrido esta vez es que la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) ha publicado un informe acerca de los riesgos a nivel nutricional que pueden ocurrirnos a las mujeres durante todo el proceso de la menopausia, con valores de referencia para ciertos nutrientes (hierro y vitamina C) procedentes de estudios realizados con muestra masculina. Además, este hecho que debía estar debidamente reconocido como una limitación de dicho informe, resulta que no lo estaba.
En la práctica clínica, esto significa que, sobre la salud de las mujeres, seguimos sin tener suficientes datos obtenidos en población femenina y, como no están, se extrapolan los datos recogidos en estudios con muestra masculina, lo que genera sesgo y error clínico.
Y, aunque hay muchos ejemplos de las consecuencias que tiene esto, el más reconocido es el de los infartos de miocardio, donde hombres y mujeres experimentamos síntomas, mecanismos de enfermedad y, en ocasiones, algunos valores diagnósticos distintos, pero los protocolos de detección y valoración están basados en cómo ocurre un infarto en los hombres, lo que resulta en un fallo en la detección del infarto en mujeres y mayor tasa de mortalidad asociada.
Pero hay más: los fármacos se prueban y dosifican para un cuerpo masculino de 70 kg. Los hombres, por norma general, tienen mayor cantidad de masa muscular y agua y menos cantidad de grasa que nosotras.
Todo esto importa porque nuestro cuerpo funciona diferente, difiere también en la composición de sus tejidos y esto afecta la salud global, la forma en la que se expresa la enfermedad y cómo funciona la cinética farmacológica.

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