30/12/2018

Reportaje
80 aniversario de la grabación del «eusko gudariak»
El legado oculto de Eresoinka

El «Eusko Gudariak» ha cumplido ya ochenta años desde que fuera grabado por primera vez por un coro de cámara de ocho voces y el grupo de txistulares de Eresoinka. Si bien sus orígenes son anteriores a la sublevación fascista que provocó la guerra del 36, la canción que ha quedado para la posteridad como el himno de los gudaris vascos se grabó en la ciudad de París el 21 de diciembre de 1938. El pueblo la hizo suya durante la posguerra hasta adquirir la categoría de himno por antonomasia del abertzalismo.

Iñaki Berazategi
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Aunque anterior en sus orígenes a la sublevación militar de julio de 1936, el “Eusko Gudariak” comenzó a crecer en la guerra, con la guerra y, sobre todo, en una fase tardía de la postguerra, los años 60 del pasado siglo. En esa época se reeditó en disco la primera grabación conocida del himno, hecha en París el 21 de diciembre de 1938 por un coro de cámara de ocho voces masculinas y el grupo de txistularis de Eresoinka. La soprano pasaitarra Matilde Zabalbeaskoa también formaba parte del grupo. Aunque no intervino en la grabación del “Eusko Gudariak”, tuvo un papel muy destacado en la interpretación de otras diez canciones del repertorio republicano de la Guerra Civil que los cantantes vascos grabaron en la misma sesión en que quedó registrado para la posteridad el himno de los gudaris.

Veinticinco años después, en 1963, la recuperación y posterior reedición de esta vieja grabación permitió que el “Euzko Gudariak” –con el tiempo mutaría la z por la s y pasaría a ser “Eusko Gudariak”– fuera conocido por las nuevas generaciones de jóvenes que a lo largo del último cuarto de siglo se habían ido sumando a la lucha contra la dictadura franquista. El vibrante aire de marcha que posee el himno, unido a las apelaciones que en su letra se hacen a la patria vasca, a la unidad, a la sangre y a la bandera, son ingredientes básicos en cualquier composición que aspire a enardecer el ánimo de los hombres y mujeres que la cantan, sobre todo en horas tan difíciles como las que tuvo que vivir el pueblo vasco entre los años 1936 y 1939 y aún después, durante los años amargos de la derrota, el exilio y la resistencia antifranquista.

En este proceso de reasimilación, el “Eusko Gudariak” dejó de ser un himno privativo del nacionalismo vasco para alcanzar, por aclamación popular, el status de himno por antonomasia del antifranquismo vasco, que lo aceptó como tal sin hacerse demasiadas preguntas acerca de su origen, intrínsecamente ligado a los sectores más militantes del nacionalismo vasco en los agitados tiempos de la II República española.

 

Esta primera grabación fue obra –como se indicaba al comienzo– de un grupo formado por ocho cantantes y cuatro txistularis de la compañía Eresoinka y se llevó a cabo en París, en los estudios de la compañía discográfica Polydor. Situados en el distrito XIII de la capital francesa, en los números 72 y 74 del boulevard de la Gare (actualmente boulevard Vincent Auriol), estos estudios, dotados de varias salas de grabación y de los últimos avances técnicos, tenían fama de ser de los mejores de su época.

En la misma sesión, bajo la dirección de Rodolfo Halffter y Gustavo Pittaluga, dos de los músicos más significados del conocido como “Grupo de los Ocho” (el equivalente en el plano musical a la “Generación del 27”) los cantantes de Eresoinka grabaron otras diez canciones del repertorio republicano de la Guerra Civil que, junto con el “Eusko Gudariak”, fueron publicadas en el Estado francés en una serie de cinco discos editados por el sello discográfico prorrepublicano “La Voz de España” bajo el título genérico de “Canciones Populares de la Guerra de la Independencia de España”.

Aunque en 1938 se conocían al menos tres versiones principales de la canción, la elegida para su impresión discográfica y, por tanto, para su conversión en la interpretación “canónica” del himno fue la escrita en 1932 por el vizcaíno José María Garate que, tras ser adaptada al euskara guipuzcoano en atención a la procedencia de la mayoría de los componentes del coro y de acuerdo con la grafía de la época, decía:

Euzko gudariak gera,

Euzkadi azkatzeko;

Gerturik daukagu odola

bere aldez emateko.

Irrintzi bat entzun da

mendi tontorrian:

Goazen gudari danok

ikurriñen atzian!

Los arreglos musicales eran del oriotarra Alejandro Lizaso Eizmendi, txistulari de Errenteria y capitán de ametralladoras del batallón Itxarkundia, muerto en combate durante la batalla de Villarreal, a quien algunos autores atribuyen –equivocadamente, según José María Garate– la autoría de la segunda estrofa del himno.

Rompiendo mitos. Existe la creencia, forjada al amparo de la popularidad alcanzada por el “Eusko Gudariak” en los años finales del franquismo, de que el himno de Garate fue un referente principal del repertorio musical del nacionalismo vasco durante la Guerra Civil, pero el estudio y cotejo de los datos y documentos existentes parecen apuntar que, por el contrario, el “Eusko Gudariak” ocupó un lugar más bien secundario en el repertorio musical patriótico vasco durante el periodo bélico.

En contraste con las muy escasas referencias al “Eusko Gudariak” que aparecen en la hemerografía vasca del periodo de la Guerra Civil, es abrumadora la frecuencia con la que las publicaciones periódicas de la Euskadi republicana se hacían eco tanto del himno vasco, “Euzko Abendearen Ereserkia”, como de otras canciones (“Itxarkundia”, “Lenago Il”, “Jeiki, jeiki”…) clásicas en el repertorio del primer nacionalismo vasco.

 

Las mismas publicaciones dan fe en sus reseñas y anuncios de mítines, actos propagandísticos y conciertos solidarios de todo tipo organizados en la retaguardia vasca, de que tanto en el comienzo como en la clausura de los mismos era preceptiva la interpretación del “Himno de Riego” y el ya conocido como “Himno Nacional Vasco” o “Euzko-Ereserkia” junto con “La Internacional”, “Hijos del Pueblo” u otros himnos y piezas musicales acordes con la idiosincrasia política de los organizadores del acto.

La razón principal de que el “Eusko Gudariak” no cayera en el olvido es, sin duda, consecuencia directa de su inclusión en la antes citada colección de discos de “Canciones Populares de la Guerra por la Independencia de España”, proyecto promovido por la Comisión de Propaganda del Gobierno de la República. Dicha comisión encargó a Rodolfo Halffter y Gustavo Pittaluga, muy comprometidos con la tarea cultural de la II República, que armonizaran, orquestaran, dirigieran y grabaran algunas de las canciones más significativas del cancionero republicano de la guerra civil con el fin de que su edición contribuyera a divulgar la causa de la República.

Para la grabación de las canciones seleccionadas, Halffter y Pittaluga contaron con el concurso del coro de cámara y los txistularis de Eresoinka y con una orquesta no identificada, probablemente la de los propios estudios Polydor. El “Eusko Gudariak” fue la única de las canciones de la sesión que se grabó sin orquesta, siendo interpretada por el grupo de txistularis y las voces masculinas de Eresoinka.

Como cantantes, estaban Ramón Irusta, de Deba (tenor); Txomin Sagarzazu, de Hondarribia (tenor); Paulin Urresti, de Ondarroa (barítono); José Ramón Otero, de Pasaia (tenor); Eduardo Sesé, de Tolosa (tenor); Ixaka Azpiazu, de Elgoibar (tenor); José María Ormaetxea, de Bilbo (barítono) y Joxe Etxabe, de Zumaia, (bajo y director del grupo). El grupo de txistularis estaba formado por Jon Oñatibia, de Oiartzun (primer txistu); Antón Bastida, de Donostia (segundo txistu); Joxe Oñatibia, de Oiartzun (silbote) y Kepa Uranga, de Zumaia (atabal). Matilde Zabalbeaskoa, la única mujer del grupo, no intervino ni en la grabación del “Eusko Gudariak” ni en la de otras cinco canciones (“Ya sabes mi paradero”, “El Paso del Ebro”, “Marineros”, “El Trágala” y “El Pendón Morado”) puesto que del texto de las mismas se infiere que debían ser interpretadas exclusivamente por voces masculinas. La soprano pasaitarra intervino como solista en las cinco canciones restantes (“Los Cuatro Generales / Coplas de la Defensa de Madrid”, “¿Qué Será?”, “El Tren Blindado”, “Fuerte de San Cristóbal” y “El Vino Duce”).

 

Unos días antes, el 13 de diciembre de 1938, los cantantes vascos tomaron parte, a modo de ensayo general para la sesión de grabación de los estudios Polydor, en un festival organizado en el Teatro Pigalle de París por el Comité de Ayuda a la España Republicana cuyo orador principal fue el escritor José Bergamín.

El “Eusko Gudariak” y el resto de las “Canciones Populares de la Guerra de Independencia de España” fueron publicadas en enero de 1939, cuando la guerra daba sus últimas boqueadas, por La Voz de España, sello subsidiario de la editora discográfica Le Chant du Monde, creada en 1938 por el escritor, historiador y crítico cinematográfico comunista Leon Moussinac.

Cuando en 1940 se consumó la invasión de Francia por el ejército alemán, las autoridades de ocupación decretaron el cierre de Le Chant du Monde por considerar que la editora discográfica era un “bien judío”. Con el expolio nazi desaparecieron también los fondos discográficos que habían pertenecido a La Voz de España. Tras la liberación de Francia del yugo nazi, Moussinac puso de nuevo en marcha su empresa discográfica. Merced a sus buenas relaciones con la Unión Soviética, consiguió un ventajoso acuerdo con el sello soviético Melodya que convirtió a Le Chant du Monde en una de las editoras discográficas más potentes del Estado francés.

A comienzos de la década de los 60, la resistencia antifranquista comenzó a dar signos de renovación y actividad en el Estado español. Las cosas que allí estaban sucediendo –revueltas estudiantiles, huelgas, el fusilamiento de Julián Grimau, el repunte de las aspiraciones nacionales de catalanes y vascos…– renovaron el interés del público francés por lo que sucedía tras la frontera española y los directivos del sello Le Chant du Monde decidieron entonces recuperar y reeditar aquellas viejas canciones de la Guerra Civil grabadas en París en 1938, entre las que se encontraba el ‘“Eusko Gudariak”.

Las matrices de las grabaciones originales habían desaparecido pero en 1963, a partir de los discos de pizarra editados en 1939 por La Voz de España, Le Chant du Monde las reeditó en un solo disco de vinilo de larga duración (LP). Esta edición de 1963 no incluyó uno de los temas de 1939 (“El Vino Duce”) aunque se añadieron cuatro temas instrumentales grabados por la Cobla Barcelona, la cobla o grupo folklorico oficial de la Generalitat de Catalunya: “El Himno de Riego”, “Els Segadors” y las sardanas “La Santa Espina” y la “Sardana de les Monges”.

El disco, publicado bajo el título “Chants de la Guerre d’Espagne” se convirtió en todo un éxito de ventas en el Estado francés. Aunque por razones obvias no se pudo editar ni ser puesto a la venta en el español, no pocos ejemplares del disco fueron introducidos de forma encubierta al sur de los Pirineos, a veces sacrificando su magnífica carpeta doble, que reproducía el “Guernica” de Picasso, sustituyéndola por otra menos delatora, que no despertara sospechas. Un cuarto de siglo después de la derrota republicana, gracias a esta reedición de las históricas grabaciones de 1938, la oposición interior al franquismo pudo comenzar un imparable proceso de reencuentro con el “Eusko Gudariak” y el resto de las canciones e himnos republicanos que hoy, ochenta años después de su grabación, aún se mantienen en catálogo.&hTab;&hTab;

El tenor Txomin Sagarzazu y la soprano Matilde Zabalbeaskoa, dos de los cantantes de aquella primera grabación de 1938, un disco que aparece en la página que abre este reportaje. Al lado, portadas de las diferentes versiones que se han hecho de este himno.

Portadas de «Six Songs for Democracy» (1940), con canciones de las Brigadas Internacionales, y de «Freedom sings» (1945), con seis de los once canciones grabadas en 1938 por Eresoinka, acreditada aquí como «Orquesta y Coros del Ejército Republicano Español».