07/07/2019

Lenguajes
IKER FIDALGO ALDAY
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Lo objetual, lo matérico o la resolución formal son conceptos que están presentes en muchos de los análisis que se hacen cuando nos referimos a la producción artística. Tendemos a ubicar las disciplinas del arte en la resolución plástica de un discurso, concepto o idea. Sin embargo, es más que evidente que hace tiempo que el arte abandonó la mera representación narrativa y comenzó a ser parte de la reflexión y la creación de pensamiento y conocimiento en torno a la contemporaneidad que lo rodea. El discurso sobre el soporte pasa entonces a un estadio mucho más complejo en el que se articula con el pensamiento político o la filosofía. La creación visual es atravesada por múltiples fuentes que acaban por conformar un lugar espeso e indefinido, que permite que una pintura sea un acto político o el cuerpo una herramienta de lo poético.

La llamada Era de la Información, como periodo histórico ligado a las tecnologías y la comunicación, amplía los soportes de producción y consumo hasta límites que aún no han alcanzado su cénit. El término, popularizado por el sociólogo Manuel Castells, incide en una cuestión en la que los códigos habituales de la cultura visual y la textual encuentran lugares comunes, condicionados por la velocidad de distribución, deglución y olvido del propio contenido.

La rutina de la multipantalla obliga a nuestra atención en una excitación constante y en niveles de interacción y relación nunca antes conocidos. Es evidente, entonces, que los límites de los lenguajes han sido desbordados a golpe de grandes revoluciones tecnológicas tan importantes como la imprenta, Internet o la conexión 5G, que parece abrir un nuevo paradigma en nuestra relación con el acceso a la información. El arte entonces, como afín a su tiempo, es parte indispensable de esta evolución, como espacio de pensamiento, acción y proposición de formas de vida, y asumirá el protagonismo que le corresponde en el devenir de un paisaje aún sin definir.

El pasado 14 de marzo, se inauguró en Azkuna Zentroa/Alhóndiga Bilbao, la exposición “Nunca real/Siempre verdadero”. Iván de la Nuez (La Habana, 1964) es el comisario de esta propuesta que reúne hasta el 22 de setiembre a un elenco de trece artistas con nombres como Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955), Verónica Gerber (México, 1981), Xabier Salaberria (Donostia, 1969) o Mabi Revuelta (Bilbo, 1967). La relación entre la literatura y el arte es la columna vertebral de este proyecto en el que se plantea una reflexión en torno al uso de los lenguajes visual y escrito, a cómo el texto adquiere relevancia matérica y cómo la narrativa y la construcción del relato es capaz de articular una pieza artística. Sobre la sala, un display amable y bien organizado conducirá nuestra visita hacia este cuestionamiento de la frontera entre formas de expresión.

El Museo de la Universidad de Navarra acoge hasta el 6 de octubre “Small Data Lab” a cargo de Daniel Canogar (Madrid, 1964). Doce trabajos que toman como punto de partida una arqueología del objeto tecnológico obsoleto. Dispositivos móviles, piezas de equipos, teclados o calculadoras son los soportes sobre los que se erige esta muestra. El recuerdo del propio público y la propia experiencia vivida con muchos de los objetos que se encuentran en la sala, será el camino más importante que debamos recorrer. Tras la apuesta estética de Canogar, muchas veces llevada a cabo con proyecciones sobre los propios elementos físicos, subyace una reflexión en torno a nuestra relación con la tecnología cotidiana y la celeridad de la obsolescencia, así como con la sostenibilidad de esta producción de rápido consumo y de reciclaje prácticamente imposible.