14/07/2019

Fondo
IKER FIDALGO
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Uno de los debates más habituales de la creación contemporánea, sobre todo desde el surgimiento del arte conceptual, es el de definir los elementos diferenciadores que convierten a una propuesta en arte. Una discusión sobre los aparatos legitimadores de la propia práctica que ha provocado numerosas mesas de debate, textos y reflexiones. Mecanismos como el museístico, el institucional, el académico o el educativo entran dentro de ese gran engranaje que es el arte, así como todos los agentes que lo componen. No es nuestra intención seguir aportando opiniones a una cuestión que está, dicho sea de paso, tan manida como caduca. Sin embargo, esta página tiene entre otros cometidos la reflexión sobre las formas y los modos expositivos como un dispositivo cultural que propone, comunica y ofrece contenido a la sociedad. El formato de la exposición, si bien no es el único que el arte contemporáneo maneja, es sin duda el más extendido y el más aceptado. Los códigos de la muestra han sido aprendidos y digeridos hasta tal punto que nos parecen ingredientes básicos, elementos como la pared blanca, la iluminación sobre las piezas o el silencio en nuestro recorrido. La exposición ha pasado entonces a ser una cuestión de forma y no de fondo. Una metodología capaz de actuar como vehículo conductor entre el público y aquello que se le muestra. Esto, ligado a unas barreras disciplinares cada vez más disipadas, nos lleva a una situación, la actual, en la que la consabida discusión pierde cualquier referencia para entender entonces que estamos ante un tiempo en el que nada puede compararse con cualquier concepción previa.

La fotógrafa gasteiztarra Nuria González inauguró el pasado 2 de julio la muestra “En pie entre el polvo y la arena” en la sala Araba de la Fundación Vital, en el centro de la capital alavesa. Hasta el 28 de este mes expone este proyecto realizado en colaboración con la Fundación Mundubat y que pretende acercarnos la realidad saharaui. Los centros educativos de los campamentos de refugiados de Tinduf han sido el origen de esta propuesta en la que la juventud saharaui asume el protagonismo de las imágenes. Catorce jóvenes y una formadora protagonizan una serie de instantáneas que interpelan directamente al visitante, construyendo retratos frontales con una saturación de color que favorece a la representación del entorno en el que sucede. Este trabajo, muy ligado a la fotografía documental o al fotoperiodismo, ayuda a conocer un espacio educativo en el que la juventud trabaja para formarse en torno a cuestiones como los derechos humanos o los medios de comunicación.

Una de las actividades veraniegas principales del Museo San Telmo de Donostia es, sin duda, la exposición inaugurada el pasado 22 de junio bajo el título “Hello Robot. El diseño entre el humano y la máquina”. El 29 de setiembre será el último día para visitar esta sugerente visión en torno a la presencia de los robots en nuestra sociedad. La colaboración entre Vitra Design Museum, MAK Vienna y Design Museum Gent llega ahora a la capital donostiarra tras su itinerancia por varias ciudades europeas. Ya sobre la sala encontramos una visita amable y entretenida en la que los elementos robóticos asumen, obviamente, el protagonismo visual y objetual de la sala. Un total de catorce preguntas nos aluden directamente a lo largo de todo el recorrido, intentando actuar como disparadoras para la reflexión sobre nuestra relación rutinaria con la robótica. La cuestión de los cuidados, la representación o la propia confianza en la tecnología se antojan cuestiones muy relevantes en una sociedad en la que cada vez más confiamos nuestro espacio relacional a aparatos que invaden nuestro día a día.