Cuesta poco -o mucho- imaginar cómo podría revertir socialmente tanta millonada pendiente en políticas públicas solventes y decentes -escuelas, hospitales, bibliotecas o cuidados-. Porque sin democracia fiscal no hay democracia. Un inspector de Hacienda -por los cuales siento cada vez mayor empatía- me lo resumió así años ha: los de arriba se escapan, los del medio se ahogan, los de abajo no llegan