22/02/2015

DAVID BROOKS
Increíble

No hay nada más importante y frágil que la credibilidad en el periodismo. Todos los periodistas cometen errores. Es parte inevitable del oficio. Pero eso es diferente a mentir y engañar.

Cuando un periodista miente deliberadamente, cuando inventa, plagia, fabrica, oculta o comete algún acto de corrupción, eso no solo es violar las normas del periodismo y traicionar a su público, sino también un ataque contra los compañeros de su medio y los colegas del gremio. Peor aún es cuando se hace en zonas de gran peligro, ya que es una falta de respeto a compañeros que sí se han arriesgado para hacer su tarea de informar en nombre de la verdad.

Brian Williams, conductor del informativo nacional de la cadena NBC, y por lo tanto una las figuras públicas más conocidas en este país, ha sacudido a su empresa, a sus colegas y la credibilidad del periodismo en general por haber inventado una de sus hazañas como periodista. Williams emitió una declaración en la que anunció que suspenderá sus actividades profesionales unos días, ya que «en medio de una carrera dedicada a cubrir y consumir noticias, se ha vuelto dolorosamente claro para mí que dadas mis acciones ahora soy parte de las noticias». Aún está por verse si regresará a su trono frente a las cámaras.

Todo porque Williams inventó un cuento. El conductor, con una imagen pública intachable, había contado públicamente a lo largo de estos años una experiencia en la que había estado en juego su vida, cada vez con más detalle, que supuestamente ocurrió cuando fue a cubrir la invasión estadounidense a Irak en 2003: él volaba en un helicóptero militar que fue atacado por el enemigo. Hace unos días, cuando NBC News transmitió esa versión falsa, veteranos que atestiguaron el incidente declararon que Williams no viajaba en el helicóptero bajo fuego, sino en otro que venía detrás. Cuando ya no quedaba otra, Williams se vio obligado admitir en su noticiero del miércoles 4 de este mes que había cometido un error; explicó que había recordado mal y mezcló en su memoria lo ocurrido con los dos helicópteros; y ofreció disculpas.

Pero una vez en duda su versión de lo que le ocurrió en Irak, se empezaron a cuestionar –en las redes sociales– otras informaciones suyas, incluida su cobertura en Nueva Orleáns durante el huracán “Katrina” en 2005. Ahora está bajo sospecha casi todo lo que ha contado.

NBC anunció una investigación interna del trabajo de su estrella durante los últimos años, mientras analiza cómo enfrentar una crisis que no solo dañó la credibilidad de Williams, sino la de su medio. El noticiero nacional de NBC News es el más exitoso de las tres principales cadenas, los medios de noticias más poderosos del país.

NBC renovó el contrato de Williams en diciembre por otros cinco años después de sus primeros diez al frente del informativo; y, según algunas versiones, acordó pagarle hasta 10 millones de dólares anuales. Para marcar su primera década en el puesto, a finales del año pasado, NBC había producido un anuncio con la voz del actor Michael Douglas narrando e imágenes de Williams informando: «es una cosa que uno construye lentamente, a lo largo del tiempo… y lo que uno construye, si uno trabaja suficientemente duro, si lo respetas, es algo poderoso llamado confianza». Pero, como informó el “New York Times”, «puede que uno se la gane en diez años, pero la confianza en los conductores de noticias puede ser sacudida en menos de diez minutos».

Obviamente, este no es el único caso en que un periodista o un medio engañe a su público. Algunos de los principales medios de este y otros países han sufrido de escándalos por periodistas corruptos, o por los que inventaron noticias o usaron la profesión para promover intereses ocultos. Las consecuencias a veces son mínimas y solo dañan al periodista o su medio, pero también pueden ser severas e incluir asuntos de vida o muerte, como en el caso de algunos de los principales medios estadounidenses que en varios momentos han desempeñado un papel para justificar guerras y represión, y hasta políticas económicas con efectos devastadores para millones, aquí y en otras partes del mundo.

Con ello han perdido credibilidad. Tal vez lo que más demuestra este deterioro en credibilidad es el hecho de que, según sondeos, entre los jóvenes, uno de los periodistas considerado como el más fiable es el conductor de un noticiero ficticio, Jon Stewart, de “The Daily Show”.

No es noticia que los integrantes de cúpulas mientan. El legendario periodista político I.F. Stone repetía que todo periodista serio necesitaba entender solo una sencilla cosa al hacer su trabajo: todo gobierno miente. El gran periodista Bill Moyers comentó algo así como que la noticia es eso que los poderosos desean mantener oculto; todo lo demás es publicidad.

Pero los periodistas, en principio, tienen como primera responsabilidad buscar la verdad y desenmascarar la mentira, el engaño y la corrupción. Si se vuelven parte de la mentira, solo nutren el cinismo. Y, como decía Ryszard Kapuscinski, el cinismo «es una actitud incompatible con la profesión de periodista».