Mikel INSAUSTI
LA CASA DEL TEJADO ROJO

El drama familiar visto desde el clasicismo japonés de Yamada

Asus 83 años el maestro del cine japonés Yoji Yamada sigue en activo y en plena forma, por lo que no piensa en la retirada y está lleno de nuevos proyectos. Debió de sentirse animado por la buena recepción dispensada en la Berlinale a su película “La casa del tejado rojo”, festival en el que la estelar Haru Kuroki se llevó el Premio de Mejor Actriz.

La obra de Yamada se ha visto reafirmada en los últimos años, sobre todo gracias a su impecable Trilogía del Samurai, compuesta por “El ocaso del samurai” (2002), “The Hidden Blade” (2004) y “Love and Honor” (2006). Tres títulos que conectan el género con sus grandes clásicos, haciendo de paso una reflexión cultural e histórica sobre Japón.

El intimismo latente y lo contenido de la acción de su ciclo de samurais le iba llevar a sus orígenes, dentro del drama familiar tradicional japonés. De ahí el homenaje que dedica a Yasujiro Ozu y su gran obra maestra “Cuentos de Tokio”(1953), traducido y actualizado como “Una familia de Tokio” (2013). Con “La casa del tejado rojo” vuelve a ahondar en esa línea inspirada en sus comienzos profesionales en los estudios Shochiku, donde además de trabajar al lado de Ozu pudo aprender de Mikio Naruse.

No en vano “La casa del tejado rojo” se remonta a aquellos años difíciles de la guerra y posguerra, a través del relato de una mujer de provincias que entra a servir en una familia de la capital a mediados de los 30. En sus diarios cuenta la historia de amor imposible vivida por la señora de la casa, cuando se siente atraída en secreto por un nuevo compañero de trabajo de su marido. Su mirada no puede ser más sutil, siempre observando en silencio ese torbellino de sentimientos reprimidos. Una belleza oculta que transciende en el tratamiento de una fotografía de postal, con tonos ocres y rojizos.