11/04/2015

Amparo LASHERAS
Periodista
El technicolor de los diferentes

Entre las ideas que se mueven en mi mente para dar sentido a este texto, hay una que lo acapara todo. Se trata de la solidaridad que exige la realidad que no puede perder tiempo. La necesidad de escribir sobre lo que se desea transformar convierte, como decía Sartre, la palabra en acción y si es así, para algo servirá lo que escriba aquí. Toda esta cavilación comenzó al ver la película Pride (Orgullo), una muestra fiel de la fuerza solidaria que unió a mineros en huelga y a gays, en 1984, cuando M. Tahtcher inició su política de «desguace» de los sindicatos y del estado de bienestar. «Nunca los diferentes fuimos tan iguales», se dice en el film. La frase es una sencilla definición de la profundidad que encierra el concepto de solidaridad.

Fuera del cine y de la emoción me pareció que el mes de abril estaba lleno de exigencias de solidaridad y no sé en qué technicolor describirlas, si en el naranja de la desobediencia de Libre o en los mil colores de Gora Gasteiz contra el racismo; en el rojo vivo de la clase trabajadora o en el internacionalista de Askapena; en el azul de Grecia o en el también rojo, negro, verde y blanco de Palestina y del Sahara Libre; en el morado feminista, en el gris de la dispersión, o en el rojo resistente de Errekaleor. La solidaridad entre diferentes siempre crea un technicolor de lucha, lleno de fuerza.