El desafío de tener algo que decir
No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo». Tomo estas palabras de Oscar Wilde no para hablar de literatura, que es a lo que se refería él, sino de ese «tener algo que decir» y del hecho de escribir. ¿Tenemos algo que decir siempre que escribimos una columna de opinión, por ejemplo? O, si no lo anterior, ¿tenemos algo nuevo que aportar? Afortunadamente, hay mucha gente que sí, que da en el clavo cuando analiza un acontecimiento, un hecho cotidiano, una anécdota, cualquier cosa. Y en este periódico tenemos buenas muestras de ello. Tienen algo que decir y lo dicen. O, en el caso que nos ocupa, lo escriben.
Todos tenemos algo que decir. Claro. ¿Cómo no vamos a tener algo que decir en este tiempo de elecciones que estamos viviendo? ¿Cómo no vamos a tener algo que decir sobre Grecia y el acoso al que está sometido? (muy bueno, por cierto, el articulito recogido en la hemeroteca de este periódico el pasado domingo). ¿Cómo no hablar del riesgo que entraña ser joven y abertzale en Euskal Herria?, ¿de esos partidos que dicen sí pero no, sí al derecho a decidir, pero bueno, hay otras cosas también, etc. etc?, ¿de esa ley que acaba de aprobar la Asamblea Nacional francesa autorizando el espionaje masivo sin control judicial?
Todos tenemos algo que decir. O deberíamos. Es algo inherente al ser humano. Pero hay momentos en que no lo sientes así, en que crees que ya está todo dicho, que no tienes nada (nuevo) que aportar. Y a pesar de todo, escribes. Este texto es una muestra de ello.
Fallo contra un fraccionamiento de contratos del Ayuntamiento de Getxo

«Prohibir las redes sociales a los adolescentes les infantiliza»

Trump pretende sumirnos en las tinieblas: sentir en la isla

La lista Epstein salpica a Trump y a otros poderosos del mundo
