EL CINE SIN SELFIES NI ORSON WELLES
Diecinueve directores compiten por la Palma de Oro, entre ellos solo dos son mujeres. Nombres que dibujan el mapa de la “elite” cinematográfica francesa y del resto del mundo están presentes en Cannes: Kore-Eda, Moretti, Gus van Sant, Sorrentino o Haynnes.

Puede que debamos dar las gracias al iluminado que ha decidido que ya no habrá más selfies (autorretratos con móvil) ni en las “alfombras” ni en las salas. Aunque las prohibiciones, ya se sabe, hacen infinitamente más apetecible aquello que ha sido vetado. A la vista está, Salma Hayek ya ha transgredido la norma y ayer se hizo uno a su paso por la alfombra roja. El suyo es un acto tan revolucionario como el de vestir un traje de un diseñador misógino. Cannes es lo que tiene, glamour y unos cuantos atracos a joyeros para amenizar “la pasarela”. Todo eso fuera, en las salas, a oscuras, suceden otras cosas, entre ellas el cine.
El festival abrió sus puertas el miércoles con “La tête haute” de la directora Emmanuelle Bercot, la primera mujer que lo inaugura en más de 25 años. Thierry Fremaux, director del festival e incombustible maestro de ceremonias, insistió de nuevo en que las mujeres están representadas en la muestra al mismo tiempo que iniciaba su rogativa a favor del buen tiempo: «La pesadilla es que llueva el primer día», dijo. Todo en el mismo lote, hombre del tiempo y feminista.
Supongo que un septuagenario como George Miller (Brisbane, Australia, 1945), de vuelta de todo, tiene que estar muerto de la risa tras comprobar cómo su última película, “Mad Max. Furia en la carretera”, esa que ha acabado de mezclar hace once días tras cerca de quince años de producción, llega a Cannes y le rinden honores. No utilizó “pantallas verdes” pero disfrutó de las nuevas tecnologías, de esas pequeñas “cámaras basura”, de usar y tirar, que colocó en los sitios más inverosímiles para obtener las imágenes más impactantes en esta gran persecución que es “Mad Max. Furia en la carretera”. «En esta película no hay más historia. La persecución es el centro de la cinta. El resto, MacGuffin», afirmaba el director. Esto lo decía en Cannes, la cuna del cine “con trasfondo”, e inmediatamente a una le entran unas ganas endemoniadas de verla.
En el otro extremo, desde Japón una propuesta de cine contemplativo ponía el contrapunto al arranque de esta edición. “Our litle sister”, de Hirokazu Kore-Eda, cuenta la historia de tres hermanas que durante el funeral de su padre descubren la existencia de una media hermana y deciden acogerla bajo su techo. Hirokazu Kore-Eda afirma sentir «menos admiración por una vida sin desgarrones que por una vida que encuentra el sentido a las rupturas existenciales». Así lo soltó, sin red. Celebrado por la crítica como el heredero natural de Yasujirō Ozu, Kore-Eda comparte con Naomi Kawase ser el máximo representante del cine japonés actual y de envolver sus historias con una mirada poética y clarividente sobre el paisaje humano de su país.
Kawase mostraba ayer “AN”, una historia sobre una gerente de una tienda de galletas tradicionales japonesas, los Dorayakis. “AN” es la primera adaptación de la cineasta, que ha llevado a la pantalla un libro de Tetsuya Akikawa. Remordimientos de una vida, la autodestrucción y la desesperanza son algunos de los temas que sobre vuelan la última propuesta de la nipona que está pensando adaptar una obra de Chikamatsu Monzaemon sobre un doble suicidio. Su cine, en principio, no es apto para admiradores de Steven Seagal, aunque vaya usted a saber.
Los italianos Matteo Garrone (“Il racconto dei racconti”), Paolo Sorrentino con “Youth”, Nanni Moretti con “Mia madre”, el francés Jacques Audiard con “Dheepan”, los estadounidenses Todd Haynes (“Carol”) y Gus van Sant (“The Sea of Trees”), el canadiense Denis Villeneuve (“Sicario”), el chino Jia Zhang-Ke (“Mountains May Depart”), el japonés Kore-Eda (“Our Little Sister”), y el griego Yorgos Lanthimos (“The Lobster”), son, entre otros directores, los nombres que competirán los próximos días por la Palma de Oro.
Este año, por primera vez en la historia del Festival de Cannes, dos personas presiden el jurado de la competición oficial, los hermanos Coen. Habituales del certamen, donde han participado nueve veces, ocho de ellas en la sección oficial y con una Palma de Oro en su haber, en 1991 por “Barton Fink”. Junto a ellos Xavier Dolan, Guillermo del Toro, la ya mencionada Rossy de Palma, Sienna Miller, Jake Gyllenhaal o Sophie Marceau.
Entre las propuestas más esperadas, la escandaliza-abuelos “Love”, del franco-argentino Gaspar Noé, promete traer la primera película rigurosamente pornográfica en la sección oficial de Cannes. Veremos. Cerca del binomio sexo-muerte están las vísceras que ha presentado en bandeja Mateo Garrone y que no han entusiasmado al personal. El italiano vuelve a competir por la Palma de Oro con “Tale of Tales”, donde se inspira en los cuentos fantásticos para dibujar un universo barroco, grotesco y delirante. Monstruos, brujas y ogros componen en esta adaptación que mezcla tres cuentos de Basile. Mateo Garrone (Roma, 1968) ya compitió por la Palma de Oro en otras dos ocasiones: Con “Gomorra” (2008), por la que mereció el Gran Premio del Jurado, y “Reality” (2012), con la que obtuvo ese mismo galardón. Junto a Moretti y Sorrentino, Garrone es uno de los tres italianos que este año compite por la Palma de Oro.
A modo de nota para los seguidores del cine que llega de Asia, el taiwanés Huo Hsiao-Hsien presenta en Cannes una esperada aportación al género wuxia (el de las espectaculares peleas de artes marciales): “The assassin”. El chino Jia Zhang-ke, a su vez, estrenará “Mountains may depart” y el tailandés Apichatpong Weerasethakul, “Cementery of splendour”. Las tres son aspirantes a películas a tener en cuenta durante esta edición.
ingrid bergman, agnés varda y rossy de palma: el patriarcado se hace funky
Nunca se ha tratado de representación numérica, que también, ni siquiera de visibilidad, que también. La cuestión de la equidad, de las reivindicaciones feministas, va más allá que una simple apuesta porque cierto tipo de mujeres sean visibles en un festival o en cualquier otro espacio público. Hablamos de un cambio estructural, total, en los esquemas participativos y organizativos, en este caso, del festival más prestigioso del mundo, de la selección de las películas, de su dirección. No es suficiente con incluir en el cartel de este año a Ingrid Bergman, homenajear a Agnès Varda con la Palma de Oro de Honor o proponer a Rossy de Palma como jurado. Se trata de abrirle las puertas de manera igualitaria al 50% de la población cinematográfica y de apoyar sus proyectos aunque sean fallidos, porque ellas también tienen derecho a hacer y a equivocarse.
Cannes inauguró esta 68 edición con la obra de una mujer, con la cinta francesa dirigida por Emmanuelle Bercot, “La tête haute”. Esta es la segunda vez en 68 años que una directora disfruta de ese honor: la primera fue Diane Kurys en 1987 con “Un hombre enamorado”. “La tête haute”, una película que la prensa especializada ha tildado de correcto, ha contentando a la galería pero no ha ido más allá de los deseos y prioridades de un festival como el de Cannes: el cine francés y no ser políticamente incorrecto con aquello que tenga que ver con la discriminación de las mujeres directoras o cualquier otra causa política o social, léase antisemitismo. Como diría Naomi Klein: «el patriarcado, en Cannes, se hace funky», tan funky que deciden hacer visibles a las mujeres con un cartel, un premio y una sección llamada Women In Motion, programa para «auspiciar la incorporación de más cineastas mujeres a la industria». Que cambie todo para que nada cambie.I.F.
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