Mikel INSAUSTI
UNA NUEVA AMIGA

La huida de los roles sexuales establecidos vista con ironía por un Ozon juguetón

Fue una de las mejores películas vistas en Donostia dentro de la Sección Oficial en la pasada edición de Zinemaldia. Pero con ella vuelve el François Ozon más provocativo, el más loco y surrealista, por lo que no todo el mundo entró en el juego de delirantes ambigüedades sexuales que propone “Une nouvelle amie”. En la mayoría de las retinas está más fresca su reciente etapa de mayor rigor conceptual con “En la casa” (2012) y “Joven y bonita” (2013), y queda muy en la distancia su rompedora ópera prima con Buñuel en el punto de mira “Sitcom” (1998).

Lo más curioso de todo es que “Une nouvelle amie” está basada en una novela de Ruth Rendell, y su estreno en nuestros cines viene a coincidir con el fallecimiento de la escritora inglesa, ocurrido hace apenas dos semanas. La adaptación es tan libérrima que no se trata de un relato de intriga al uso, ya que la utilización del suspense que hace Ozon es puramente morbosa, y de ahí que resulte incluso más inquietante si cabe.

La caracterización de Romain Duris sorprende de principio a fin, hasta el punto de que se aparta por completo de su habitual repertorio dentro de lo que en el lenguaje clásico del cine se entiende por un galán. Es la forma en que Ozon le dirige la que hace cambiar el punto de vista del espectador, llegándole a desconcertar en más de un momento. No es que Duris saque su lado femenino para hacer de transformista, sino que sufre un proceso de refinamiento. La clave está en que Ozon le dirigió como a cualquiera de sus actrices, y al principio del rodaje, tal como suele hacer con ellas, le pidió que adelgazara. Una decisión tan frívola contribuye sin duda a que la película sea ligera, con su protagonista moviéndose sobre los tacones altos como si no tocara el suelo.

Esa sensación aparentemente banal se vuelve caprichosa con el tono juguetón y lleno de mordaz ironía que va imponiendo tan peculiar autor cinematográfico a la narración, una vez que el viudo empieza a estrechar lazos con la que fuera la mejor amiga de su difunta esposa. Se hacen, por así decirlo, íntimas. Y el cambio lleva a una reinterpretación del pasado y de la relación que pudieron tener las amigas, ambas casadas.

El marido de ella, que no se entera de nada, sospecha que tiene un amante. Y es así porque va a seguir viendo a su teórico rival como un hombre, y en ningún caso como a una mujer. La situación de triangulo se va complicando, al no encajar con los roles sexuales establecidos. Se escapa a la idea de infidelidad convencional, así como al estatus del matrimonio burgués amenazado ahora por relaciones difíciles o imposibles de catalogar. El tratamiento de los sentimientos se mueve en la indefinición de manera divertida y chocante a la vez.