21/05/2015

ELENA LÓPEZ AGUIRRE
ESCRITORA Y PERIODISTA

«Nexkatxa maite. 25 mujeres que la música vasca no debería olvidar» es el nuevo libro de Elena López Aguirre, editado por Aianai y distribuido por Baga Biga. El título es explícito, por lo que solo resta adelantar que no se trata de perfiles de artistas actuales o emergentes, sino de mujeres que ya han construido, en parte, su voluminosa vida. La lectura es adictiva, curiosa e histórica. Además de amena.

«Creo que estas 25 mujeres funcionan como una muestra representativa»
Pablo CABEZA|BILBO
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«En 2012 leí una entrevista con Tori Amos. En el último párrafo decía: ‘Lo que más me preocupa de las mujeres es su facilidad para infravalorarse, es algo que veo en mujeres de toda clase y educación’. Fue entonces cuando un motor se puso en marcha dentro de mí, y así se concibió este libro. Pero no porque yo crea que las mujeres que aparecen entrevistadas aquí se hayan valorado poco. Lo que pienso es que, si la dinámica de la historia tiene que silenciar la labor de alguien, siempre se inclina por hacerlo con las mujeres».

La reflexión de Elena López Aguirre respecto al motor que generó “Neskatxa maite” conduce a revivir el papel de la mujer en la música vasca y bastan unos minutos para encontrar en la memoria decenas de nombres con un indudable peso en la historia musical de Euskal Herria. No obstante, por razones de eficiencia y llegar a tiempo a imprenta..., hubo que poner un número razonable. «Se trata de veinticinco entrevis tas a mujeres relacionadas de muy diversas formas con la música, y cuyas apasionantes biografías no estoy muy segura de que sean bien conocidas ni suficientemente reconocidas. Por eso, descarté de antemano una serie de nombres, pensando que no necesitaban más aclaraciones sobre sus carreras, documentadas en la red, en la prensa... Más que una selección, hice una elección. Algunas fueron apuestas personales, otras eran necesidades históricas. No perseguía la actualidad ni la enumeración detallada de un currículo. Lo que buscaba era el relato de una lucha, no necesariamente de un triunfo».

Leyendo el libro, con la facilidad que da poder elegir qué biografía o relato eliges, incluso cuántos en cada ocasión, descubriéndolo poco a poco, se percibe con claridad que todas las entrevistadas han tenido una vida ajetreada, de acción e independencia. Elena lo encuadra aún más: «Quería el relato de una trayectoria, mujeres que se lo hubieran currado, con muchas horas de furgona, de verbena, de txaranga, de enseñanza, de ensayo». Y nos deja un ejemplo: «Rastreé por internet a Begoña Larrañaga, que con ese nombre tenía que ser vasca. Ella se había ido con 18 años de Bilbao, pero le había dado tiempo a tocar el acordeón en los festivales de principios de los 60, en teatros y cines, en populares programas de radio como el de Santiago Marcilla [en Radio Popular]. Fue también componente de Sócrates y Los Filósofos, en la era dorada de los conjuntos. Ya en Madrid, su carrera sería apabullante, recorriendo medio mundo con su teclado a cuestas: en hoteles de Tanzania, en bases americanas de Turquía, en Benidorm, música de sesión. Fue acordeonista con Enrique Urquijo...».

La autora de “Neskatxa maite” ha planteado el libro lejos del formato de entrevista. Elena utiliza una página para contar someramente la biografía de cada entrevistada, para después dejar que sea la protagonista quien relate su historia de un tirón, aunque con mucho correo de ida y vuelta, a veces agotador por los numerosos cambios introducidos por las interesadas hasta matizar a su gusto.

«Quise ofrecer una modalidad de entrevista sin preguntas, solo con las res puestas, en un formato narrativo cercano al relato literario. Todas lo aceptaron, muchas a regañadientes, con una única excepción. Introduje además una arriesgada variante: que las entrevistadas pudieran actuar sobre su propia entrevista: corregir, añadir, eliminar, matizar, una vez transcrita y antes de ser editada».

Todo por una mala experiencia anterior: «Con Hertzainak [el libro] aprendí que la gente habla alegremente, pero que cuando luego lo ve por escrito se lleva sorpresas desagradables. No quería repetir nada de eso, así que reenvié las entrevistas transcritas a las interesadas. Yo las elegí, no iba encima a sacar trapos sucios y platos rotos. Con todo, se quitaron mucha más ropa de la que aparece».

Como se ha señalado, tampoco son nombres que, aparentemente, hayan trascendido de manera popular y ese es parte del gran encanto de este libro: descubrir a personas que desde su trabajo en los sesenta, los setenta, los ochenta... han legado a la música, principalmente –pero también el teatro y otras disciplinas–, una serie de hechos relevantes y que sin ellos nada sería lo mismo. En ocasiones son historias sencillas, como la que aporta Lourdes Madow, pionera en la creación de un fanzine, “Alguno me mosquea”, escrito por dos chicas (más Igone), en los ochenta y por los dieciséis años. Fue corista de Chico y Chica, dj, tiene una tienda de moda... y es inquieta.

Elena nació en Madrid, pero crecida en Gasteiz, ya es madre de tres hijos, y, sin duda, es la protagonista 26 de este libro: guitarra con Potato, parte del “Bat Bi Hiru...” de “Egin”, colaboradora en diversos medios de comunicación, y autora, entre otros, de “Edozein herriko jaixetan: Historia del rock vasco” (2011), un libro impresionante por la cantidad de documentación recogida. Personalmente sigo deslumbrado con él, aunque estas 25 biografías también rebosan historia que, en parte, tiene una pequeña querencia gasteiztarra.

«Creo que estas 25 mujeres funcionan como una muestra representativa. Me interesaba hablar, por ejemplo, con una alumna de Carmelo Bernaola, y Zuriñe F Gerenabarrena es de Vitoria, vive en Vitoria, es una compositora prolífica, creativa, imaginativa. De Silvia San Miguel quería destacar que además de haber tocado en Las Lunares y Xoxonees, estudió composición en Berklee, y que lleva otros tantos dando clases en la EMM Luis Aramburu. Laura Ortega tocó diez años en la orquesta de verbena Koxkor, estuvo en Potato, lleva desde los 18 años dando clases de lenguaje musical y piano, toca en Malatu y en la Gasteiz Big Band. Begoña Divar es clarinetista en la Banda Municipal desde … los diez años. Toca en Bóreas Cámara y B3Dixieland. Ana Isabel Bravo es coralista desde niña, tocó el saxo en verbena y txarangas, está en la Banda Municipal, enseña en escuelas municipales y creó la Txiki Txiki Big Band. Carmen San Esteban es actriz pero la canción siempre ha estado presente en sus espectáculos, además de que hizo también verbena y cantó en Potato. Marieli Arroniz fue cantante de Cicatriz en la Matriz. Marta Aldama cantó en Pléyade, tocó la batería en Reverendo Parker y La Xeta Pasote, y es hija de Tito Aldama.

La primera entrevista fue con Arantxa Gurmendi, relacionada con Ez Dok Amairu, y una de las primera rockeras euskaldunes luchando en un ambiente masculino cerrado. Jeni Prieto refleja sus primeras aventuras junto a Imanol. Odile Kruzeta habla de Izukaitz (fundamentales para entender el folk-rock euskaldun). Christel Teruel recuerda a Malos Tratos y La Viuda Negra, Reyes Torio, Dinamita pa los Pollos, deslumbra con su vida... Así hasta veinticinco veces.

A las que me dijeron de entrada que no, no insistí. Muchas me daban largas, pero las convencí. Algunas no lo veían y solo se cayeron del guindo cuando lo tuvieron en sus manos, entonces comprendieron mi idea.