Fuerzas iraquíes buscan aislar al ISIS antes de lanzar el asalto final a Ramadi
Las fuerzas militares y de seguridad iraquíes, apoyadas por las milicias chiíes, iniciaron ayer una ofensiva con el objetivo de aislar a los yihadistas del Estado Islámico (ISIS) en la provincia de Al-Anbar antes de lanzar el asalto final a la ciudad de Ramadi.

El primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, prometió recuperar las regiones situadas entre Al-Anbar y Saladino de manos del Estado Islámico (ISIS). Para ello, y para aislar Al-Anbar, pidió la implicación de las Unidades de Movilización Popular (Hashd al-Shaabi), una fuerza paramilitar chií que ayudó al Ejército a recuperar Tikrit, que ha enviado 50.000 combatientes y que ayer anunció en lanzamiento de esta ofensiva cuyo objetivo final es reconquistar Ramadi.
En el marco de esa operación, las fuerzas iraquíes y los paramilitares chiíes se dirigirán desde el sur de Saladino, fronteriza con Al-Anbar, hacia las regiones desérticas del noreste de Ramadi para aislar a los yihadistas y preparar la ofensiva para retomar la capital. La fuerza paramilitar indicó que unos 4.000 hombres avanzaban ya hacia el límite norte de Ramadi.
La ofensiva ha sido bautizada como «A tus órdenes Hussein», en honor al nieto del profeta Mahoma, uno de los imames más venerados por la comunidad chií, que falleció en el siglo VII en la batalla que marcó el cisma entre chiíes y suníes.
El Pentágono consideró «poco útil» la elección del nombre, al considerar que dificultará el apoyo de las milicias suníes, y volvió a criticar la «baja moral» y la «falta de voluntad» de las tropas iraquíes, lo que estimó «un problema» en la lucha contra el ISIS y la razón fundamental de la caída de Ramadi.
Esos fallos en el mando militar y la escasez de medios del Ejército fue corroborada por Ahmed al-Fadhily, un soldado que decidido a combatir al ISIS dejó las Fuerzas Armadas para enrolarse en las Unidades de Movilización Popular. Recordó que «cuando estaba en el Ejército nunca nos daban munición y a veces nos dejaban abandonados en una base sin avituallamiento». «Sabíamos que nadie se sacrificaría para ayudarnos», aseguró. «Nosotros luchamos para proteger nuestra tierra, mientras que la mayoría de los soldados y oficiales lo hacen para recibir un salario», constató.
Irak está pagando todavía el precio de la campaña de «desbaathificación» del país, que siguió al derrocamiento de Saddam Hussein en 2003.
Una «internacional chií» socorre a Al-Assad
Una miríada de grupos chiíes ha acudido a Siria para luchar junto a las tropas leales a Bashar al-Assad en su particular yihad, no solo contra el Estado Islámico (ISIS) o el Frente al-Nosra, sino también contra brigadas suníes sirias de la oposición.
De todos ellos, el más conocida quizá sea el libanés Hizbulah, aunque también combaten otras originarias de diversos estados que, pese a su amplia variedad, coinciden en el objetivo de la «defensa de los lugares santos» en Siria frente a la amenaza de los «terroristas takfirí».
Uno de los grupos de más reciente aparición es la Brigada de los Fatimíes Afganos, integrada por combatientes afganos, iraníes y sirios. El opositor OSDH ha documentado su presencia en los recientes combates en Idleb y Alepo.
Razones similares para el envío de hombres a territorio sirio esgrime Naim Abudi, el portavoz del grupo chií iraquí Asaib Ahl al-Haq, que junto a las Brigadas de Abu Fadl Abbas son los dos principales movimientos chiíes iraquíes que luchan con las tropas de Al-Assad.Susana SAMHAN

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