Miles de vestidos para denunciar la violencia sexual en la guerra en Kosovo

Una artista kosovar desplegó ayer 5.000 vestidos en un estadio de Pristina como parte de una iniciativa de memoria histórica para denunciar la violencia sexual como arma de guerra y llamar la atención sobre la difícil situación de las mujeres que fueron violadas durante la guerra de Kosovo (1998-1999).
Los vestidos, regalos de mujeres en todo Kosovo, pero también de otras como Cherie Blair, esposa del ex primer ministro británico, Tony Blair, que respondió al llamamiento de la artista Alketa Xhafa-Mripa, fueron colgados de cuerdas de tender ropa instaladas en el césped del principal estadio de la capital.
La presidenta kosovar, Atifete Jahjaga, se declaró «conmocionada» durante la inauguración del evento.
Xhafa-Mripa explicó que su trabajo, titulado “Thinking of you” (Pensando en ti), pretende ser un acto de «solidaridad con las víctimas y quienes sobrevivieron a la violencia sexual durante la guerra».
Los Balcanes fueron devastados en la década de los 90 por varios conflictos, entre ellos el de Kosovo. El número de personas que sufrieron violencia sexual durante aquellas guerras oscila entre 20.000 y 50.000.
Durante la guerra de Kosovo miles de mujeres y niñas albanesas de ese enclave, se convirtieron en víctimas de la violencia sexual, que fue utilizada como arma de guerra e instrumento sistemático de limpieza étnica, para aterrorizar a la población civil, extorsionar a las familias, y obligar a la gente a huir de sus hogares.
De acuerdo con un informe de Human Rights Watch del año 2000 sobre la guerra de Kosovo, esa violencia sexual se puede subdividir en tres categorías: violaciones de mujeres en sus hogares, violaciones durante el combate, y violaciones en prisión. La mayoría de los autores eran paramilitares serbios, aunque también miembros de la Policía especial serbia y soldados. La mayoría de las violaciones fueron cometidas en grupo, con la participación de al menos dos autores y con frecuencia ocurrieron en presencia, y con la aquiescencia, de oficiales militares y a la vista de numerosos testigos.
Kosovo, que proclamó su independencia de Serbia en 2008, es una sociedad tradicional conservadora y la víctimas de violaciones temen ser condenados al ostracismo y sus familias creen que esa tragedia les avergüenza.

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