Raimundo Fitero
DE REOJO

Melón

Las obsesiones se fabrican a la sombra y con un vaso de horchata. O con el tintineo de los cubitos de hielo en la copa de patxaran. Los noticiarios son los detonantes de esas neurosis neutras, es decir sin motivación física ni química, las que aparecen en estado gaseoso. Y es que todo lo que sucede alrededor del denominado Estado Islámico, las acciones violentas, las guerras ocultas, los vídeos obscenos, las declaraciones rudimentarias y la cuenta inconclusa y aleatoria de víctimas por acción bélica, por muerte violenta en el Mediterráneo en ese viaje sin retorno de cientos de miles de personas y los atentados aparentemente indiscriminados en zonas turísticas realmente me acojonan.

Pensar sobre las posibles incitaciones, lo que hacen realmente los servicios secretos de los grandes capitales, de las petroleras y demás dueños de los medios de comunicación me provocan una especie de hipertrofia dialéctica. Le doy demasiadas vueltas, se me atascan las soluciones, descubro el truco. Y me asusto. Todo parece ser un gran juego de terror macro. Nosotros pendientes de los detalles menores.

Para ampliar el desasosiego, muere el niño de Olot que se contagió de difteria. Y vuelven las dudas, las reflexiones primarias sobre la salud, la sanidad, la medicina tradicional, la alternativa, los laboratorios farmacéuticos y la sociedad civil.

Es por todo eso que me obsesiona el melón. Y no es en general, sino en concreto un marca de melones que aparece en las televisiones diciendo que patrocinan algunos programas. Sí, melones equis, con capacidad para gastarse el dinero que cuestan esas inserciones publicitarias. No los veo en mis mercados ni tiendas habituales. ¿Dónde se venden? ¿Cómo pueden amortizar esa inversión? Me obsesiona el sistema métrico decimal. Y el precio de los melones.