EL SOL AMENAZÓ CON ASFIXIAR LA FIESTA, PERO EL DÍA 6 SE AGUANTA CASI TODO
EL ARRANQUE SANFERMINERO SE ASEMEJÓ AL APOCALIPISIS AUGURADO POR JAVIER ESPARZA. PARECÍA IMPOSIBLE QUE LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO DIERA CABIDA A TANTA GENTE, SIN QUE SE AHOGARAN ENTRE LA MARABUNTA Y EL CALOR. PERO CON BIEN DE AGUA DESDE LAS BALCONADAS, SE AGUANTA TODO.

«No seas rata, que el agua está barata»... y riás, baldetazo de agua, por hablador. El sol castigó como si no hubiera un mañana entre un gentío que trataba de refrescarse peregrinando de balcón a balcón. El premio al mejor regante se lo llevó este año un vecino de Mercaderes, que en lugar de rellenar el cubo de la basura (práctica extendida y amén de poco higiénica) se compró una manguera, que le permitió vengarse del gentío pelmazo.
El calor representó una amenaza real y en los puestos de guardia de los servicios de emergencia se habilitaron protocolos especiales. Sin embargo, no fue para tanto. Solo hubo diez atenciones severas en la plaza del Ayuntamiento. Las dos más serias, se debieron a cortes por cristales. Ningún desvanecimiento por el calor, que era lo más temido. El caso más similiar a una insolación fue el de una neozelandesa, que acudió al dispositivo de la DYA por un ataque de pánico al verse sobrepasada por la cantidad de gente que se agolpa en el chupinazo.
Eso no quiere decir que Lorenzo no castigara. El sanferminero tuvo que aliarse con las sombras para soportar la calorina. Pero, en general, fue una operación bastante sencilla. Había mucha gente, pero salvo en las zonas más concurridas, se cabía en los bares. Los garitos que tenían aire acondicionado, lo amortizaron con creces. Como es habitual el primer día de fiestas, las calles más turísticas de Iruñea (las más cercanas al recorrido del encierro) estaban intransitables. Pero cualquiera lo suficientemente inteligente como para hacer un quiebro hasta Jarauta y San Lorenzo se libró de los agobios y los calores.
La llegada de la noche sirvió de poco alivio. El viento no movía y el poco aire que andaba venía caluroso y viciado. Un paraíso para camareros y vendedores de bebidas frías, que trabajaron a todo trapo. Si sigue así, los cañeros de cerveza no van a parar.

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