Remix cerebral de la música y canciones de Brian Wilson

En “Love & Mercy” el drama sicológico puede sobre el biopic musical, buscando una complejidad para explicar lo que sucede en la mente de un genio como Brian Wilson. El planteamiento es muy discutible, por cuanto se trata de una introspección tendenciosa y construida sobre un puro artificio exponencial. Ya resulta bastante pretencioso resumir la vida de alguien en una película, como para encima sicoanalizar al personaje en cuestión.
Otro tema de debate es el la elevación del mito creativo frente al sentido lúdico y disfrutable de la música. La película quiere ser tan elevada como el propio talento del protagonista, y en sus aspiraciones acaba despreciando la cultura popular. Me disgusta el tono peyorativo con que se enjuicia a The Beach Boys, a los que se representa como unos vulgares conjunteros de los años 60, y poco menos que unos horteras de playa. De golpe y plumazo se carga toda la surf music californiana, porque esta era poco para un compositor, intérprete y arreglista situado por encima de los géneros. Ya sabemos que “God Only Knows” es una de las mejores canciones de todos los tiempos, pero eso no justifica el hacer ver que “I Get Around”, “Don’t Worry Baby” y demás éxitos iniciales del grupo no fueran más que una mera fuente de ingresos para la familia Wilson, a la sazón explotadores del trabajo artístico de Brian. Todas y cada una de sus canciones, tanto las que hizo con la banda como las que creó en solitario, son igual de antológicas y defendibles.
Respecto al desdoblamiento interpretativo entre Paul Dano y John Cusack, me sobra la sobreactuación del segundo, más aún cuando en los títulos de crédito finales aparece el verdadero Brian Wilson. Sus gestos desencajados deben de ser fruto del malestar que le produce la banda sonora de Atticus Ross, que fragmenta y desestructura las grabaciones originales en una remezcla que no pemite ni la escucha parcial de ningún tema.

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