Raimundo Fitero
DE REOJO

Cuenta atrás

Cuando a los escasos minutos de pasar el último manso por el recorrido del encierro, los operarios estaban quitando el vallado y sellando los anclajes donde se fijan los bastiones, una sensación de eterno retorno se transmitía hasta por la pantalla del televisor. Otro año más empieza la cuenta atrás, mientras sacamos conclusiones y recordamos esos momentos en los que durante estos primeros días de julio con una ola de calor que abrasa, Iruñea ha sido la capital del mundo del desmadre, la fiesta, los huevos con chistorra y los trasiegos de bovinos por sus calles y tortura y muerte en su coso taurino.

La bien programada retroalimentación hace que crezca el número de interesados, que las redes se nutran de momentos sanfermineros hasta la saciedad y que TVE se convierta en la difusora de esa sensación de que se vive una suerte de literatura hecha vida o de una vida en la que el único problema existente es la duración corta o larga del encierro, el parte de heridos y pasan ante nuestros ojos una sucesión de festeros que muestran su veneración por los encierros como si se tratara de un acto religioso o filosófico, y que hacen de los tópicos una orgía de la neurosis. Obligado divertirse, gustarte los toros y beber clarete. No importa el orden.

Las retransmisiones televisivas han sido técnicamente muy correctas, no sé si han aprovechado todos los recursos al máximo, pero nos han proporcionado puntos de vista diferentes. La locución comedida, tirando a sosa, alimentando algún bulo, como el supuesto entrenamiento de los toros, las entrevistas a pie de recorrido y en el plató en su clara intención de entretener y dibujar el mensaje general de que todo es maravilloso. O muy cercano. Es tiempo de limpieza y de datos espectaculares. Una calma camino de la normalidad.