Mikel INSAUSTI
DEL REVÉS

Pixar nos invita a un viaje alucinante a la mente de una niña preadolescente

El mundo de la animación ya no será igual después del estreno de “Inside Out”, la obra maestra del género con la que Pixar vuelve a meter presión al resto de estudios que compiten con la compañía propiedad de Disney. Junto con “Toy Story 3” y “Wall-e” es lo mejor que ha salido de la factoría del flexo, pero con el plus de ser su largometraje más innovador hasta la fecha, demostrando un sentido del riesgo que solo las producciones de John Lasseter poseen.

Puede que no fuera la primera intención de sus creadores, pero “Inside Out” se va a convertir en un manual imprescindible para los estudiosos de la sicología infantil, en la medida en que consigue ilustrar la complejidad de los procesos mentales que se dan en una niña preadolescente de once años. De cara al espectáculo, es un alucinante viaje a la mente de la pequeña protagonista, con sus emociones básicas representadas por divertidos personajes en distintos colores: Alegría (carne), Tristeza (azul), Asco (verde), Miedo (morado) e Ira (rojo).

También hay que concederle la gran relevancia que tiene el hecho de que la protagonista absoluta de la película sea una niña real, y no una princesa o un hada, como venía sucediendo dentro de la tradición de Disney. Por primera vez los menores pueden identificarse con una niña que en su vida diaria lidia con problemas en su ambito escolar y familiar, con lo que se rompen barreras a la hora de mostrar desde la animación las relaciones entre padres e hijos, con toda su conflictividad latente.

La idea es llevada más allá de la simple abstracción, gracias a que existe una verdadera interatuación entre el pensamiento y la acción de la pequeña Riley. Cada vez que se le plantea una duda o un dilema ante una situación a la que todavía, por su corta edad y falta de experiencia, no sabe cómo enfrentarse, se muestra en paralelo el debate interno y lo que acaba ocurriendo en el exterior.

De esta forma “Inside Out” logra su objetivo como introspección cinematográfica en la naturaleza del cambio de una niña preadolescente, tratando de explicar lo que puede pasarle en un momento clave de su existencia. Se da la circunstancia además de que el comportamiento de Riley se ve directamente afectado por una mudanza. Ella ya se había hecho a su hogar en Minnesota, y cuando a su padre le destinan a San Francisco por motivos de trabajo, sufrirá las consecuencias de una difícil adaptación al nuevo lugar de residencia.

Riley era una niña alegre, que disfrutaba de sus compañeras de colegio y del equipo de hockey, y al trasladarse echa de menos todo eso. Es entonces cuando el miedo y la tristeza empiezan a dominar su nivel emocional, descrito de la mamera más gráfica imaginable.