GARA
ROMA

Italia deniega el permiso de atraque a un barco de MSF con 700 migrantes

Un navío de Médicos Sin Fronteras (MSF) con 678 inmigrantes y refugiados «hacinados» a bordo no ha sido autorizado para desembarcar en ningún puerto de Sicilia, denunció ayer la organización humanitaria en un comunicado. La negativa coincidió con violentas protestas en la periferia de Roma y en el norte del país en rechazo a la llegada de inmigrantes a dos centros de acogida, lo que motivó la «indignación» del Acnur.

Las autoridades italianas han denegado el permiso de atraque en Sicilia a un barco de Médicos Sin Fronteras (MSF) con 678 migrantes rescatados de seis embarcaciones en el Mediterráneo. MSF explicó que tras «varias horas de negociaciones y tensiones a bordo», recibieron autorización para desembarcar únicamente a 150 personas, algo que se optó por no hacer para evitar «problemas de seguridad». Las autoridades denegaron el permiso alegando la falta de capacidad de su sistema de acogida, aunque permitieron el traslado a tierra de siete personas que requerían atención médica urgente.

El “Bourbon Argos” puso rumbo hacia Regio Calabria, en el sur del país, donde está previsto que llegue esta mañana.

En cuanto a la situación a bordo, informó de que migrantes y refugiados «están hacinados y temen que se les esté llevando de vuelta a Libia, lo cual está generando tensiones y situaciones muy difíciles».

La decisión de las autoridades italianas coincidió con nuevas protestas de vecinos y militantes fascistas, elogiadas por la extrema derecha y criticadas por la ONU, contra la llegada de una veintena de inmigrantes al barrio periférico romano de Casale San Nicola, al que consiguieron acceder, y para reclamar la marcha de 101 personas acogidas en el municipio véneto de Quinto de Treviso, que iban a ser trasladadas ayer mismo a un antiguo cuartel cercano.

El Acnur expresó su «indignación» por esos hechos y condenó la «instrumentalización» de la intolerancia ciudadana que, apoyada por «elementos extremistas favorece un clima de tensión» hacia quienes llegan a Europa «huyendo de guerras sangrientas, torturas y persecuciones», y advirtió del peligro de alimentar la retórica «xenófoba y racista» sobre los refugiados.